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Ecuación perfecta en el Liceu con Pelléas et Mélisande. La elegante, minimalista y vaporosa puesta en escena de Robert Wilson y la lectura musical que Michael Boder y la orquesta del teatro han hecho de la única ópera de Debussy encajan como un guante con el simbolismo de la obra de Maeterlinck en la que está basada.
Información publicada en la página 67 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 29 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Algunos espectadores desertaron en el descanso, pero la gran mayoría que decidió asumir el reto de enfrentarse a un renovador lenguaje musical y a un ritmo escénico propio del teatro kabuki acabó aplaudiendo la experiencia. De hecho, en una obra en la que lo sugerido es tan importante como lo apuntado, el público está obligado a hacer un ejercicio de inmersión para acabar de dar con claves psicológicas del trágico triángulo amoroso que protagonizan Pelléeas, su hermano Goulad y la misteriosa Mélisande.
CONTRASTES / El juego de sombras y luces diseñado por Wilson, con composiciones de gran belleza, ayuda a interpretar los momentos más sombríos y los más luminosos de la historia. El director lleva los contrastes hasta los extremos. Los amantes no aparecen uno junto al otro y la marejada de sentimientos de amor, celos y violencia en la que viven se sostiene por un hilo invisible.
Los lentos y milimétricos movimientos de los intérpretes son, a veces, un problema para sostener el ritmo de la acción. Pero el magnetismo de esta producción y, sobre todo, el poder descriptivo de una partitura escrita sobre la base de los textos que declaman/cantan los protagonistas acaba resolviendo la compleja atmósfera de esta pieza simbolista.
La disciplina escénica y la exigencia de un canto de sutil ejecución, exigen mucho al reparto. La aclamada María Bayo, con buena dicción y cuidado fraseo, defendió bien su Mélisande, aunque con su capacidad actoral hubiera lucido más en otro tipo de montaje. Estupendo el barítono Laurent Naouri, que dio con el tono del sombrío Goulad. Al buen Jean-Sébastian Bou (Pelléas) le faltó un punto de seducción. John Tomlinson (Arkel) se lució en su rol de anciano rey.