Superar el medio siglo de vida es un reto para cualquier compañía de danza contemporánea. Pocos lo consiguen y si lo logran, se les otorga la categoría de clásicos. Esto precisamente es lo que le sucede a la compañía afroamericana de Alvin Ailey, que, a partir de mañana y hasta el sábado, recala en el Liceu. El programa incluye Revelations, una de las piezas de referencia de este conjunto fundado en 1958, en Nueva York, por el bailarín y coreógrafo que le da nombre. Obras más actuales, como Festa barroca (2008), de Mauro Bigonzetti, y Love stories (2004), de Robert Battle, exbailarín, coreógrafo y actual director de la compañía, completan la oferta.
Una imagen promocional del montaje 'Revelations'. En la foto silueteada, un bailarín de la compañía en plena danza. ANDREW ECCLES
Una imagen promocional del montaje 'Revelations'. En la foto silueteada, un bailarín de la compañía en plena danza. ANDREW ECCLES
Información publicada en la página 65 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 12 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Battle -elegido para el puesto por Judith Jamison, veterana estrella y anterior responsable del grupo neoyorquino- apuesta en su programa por enlazar pasado, presente y futuro. Y así, consciente de la lucha por la igualdad que emprendió Ailey (1931-1989) a lo largo de su carrera, recupera para esta gira la mítica Revelations, inspirada en la vida de los esclavos de Estados Unidos.
La pieza, estrenada en 1960, en plena lucha por los derechos civiles y el fin de la segregación racial, revisa la historia de los afroamericanos y recorre una amplia paleta de sentimientos que van desde la tristeza hasta el éxtasis. Y lo hace a partir de una coreografía enmarcada por espirituales negros que sigue conmoviendo al público. Ailey, que descubrió la danza en Los Ángeles junto a Lester Horton, impulsor de la primera compañía interracial moderna, solía decir que «las mejores obras de arte son siempre las más personales».
El autor de Revelations, que de niño acompañaba a su madre a limpiar la ropa de los blancos en el estado de Tejas, supo plasmar el espíritu de superación del ser humano en la obra, una pieza que amalgama potentes imágenes y sentimientos. De manera que Ailey siempre se mostró orgulloso de Revelations , no en vano luchó por una sociedad más justa a través de la danza. En su opinión, la obra trascendía porque lograba establecer una fuerte conexión con el espectador. «El patrimonio cultural del negro americano es uno de los tesoros más ricos de los Estados Unidos. De sus raíces como esclavo -a veces afligido, a veces alegre, pero siempre esperanzado- ha llegado, iluminado e influido hasta el rincón más remoto del planeta. Yo y mi danza-teatro celebramos esta belleza trémula», afirmaba el coreógrafo antes de morir víctima del sida a los 58 años.
El hechizo de Revelations todavía pervive. La pieza contiene todas las esencias de una compañía que combina con total libertad la danza afroamericana y la contemporánea a través de movimientos orgánicos y puros. «No quiero que nadie salga del teatro pensando que la danza es una cosa demasiado fina», solía decir Ailey que nunca entendió las críticas de quienes le acusaban de preocuparse solo por agradar al público, que en ocasiones acaba siguiendo el ritmo de la música con las palmas. Al maestro también le gustaba recordar a sus bailarines que la danza debía estar al alcance de todo el mundo, ser popular y accesible sin que eso significara que fuera fácil.
OBRAS DEL SIGLO XXI / Dos piezas del siglo XXI completan el programa. Love stories (2004) es una creación de Battle con la colaboración de Judith Jamison y un pionero del hip-hop, Rennie Harris. En ella destaca la pasión por el baile urbano de los jóvenes de Brooklyn. Los pliés y tendus del ballet clásico están prohibidos en esta energética coreografía que invita a los protagonistas a dejarse llevar por la música de Steve Wonder y Clarence Paul-Henry Cosby.
Festa barroca (2008), del italiano Mauro Bigonzetti, explota las dotes acrobáticas y la capacidad técnica de los intérpretes que lucen un vestuario de vivos colores. Los hombres, con unas largas faldas, crean bellas imágenes cuando saltan. Las emotivas arias de Haendel ponen el contrapunto a una coreografía con muchos dúos y sentido del humor. No es casualidad que los gestos y los movimientos de los intérpretes choquen con el contenido de las canciones.