El Periódico

Las voces de dos escritores bajo la sombra de Stalin

'El maestro y Margarita' que no ardió

El sello Nevsky Project lanza la edición definitiva del clásico de Mijail Bulgákov en traducción de Marta Rebón

La nueva versión se ha apoyado en los estudios de Marietta Chudakova, filóloga y presidenta de la fundación dedicada al autor

ELENA HEVIA
BARCELONA

Miércoles, 7 de mayo del 2014

  • La filóloga Marietta Chudakova, en el Ateneu de Barcelona.

  • Una fotografía del autor fechada en 1928 y dedicada a su segunda esposa.

  • Mijail Bulgákov, junto a su tercera y última esposa, Elena Serguéievna.

Si existe una novela que da ejemplo de la resistencia moral del creador contra el rodillo estalinista esa es El maestro y Margarita, de Mijail Bulgákov (Kiev, 1891 - Moscú, 1940). Y quien dice rodillo estalinista dice cualquier otro tipo de rodillo autoritario. Hoy la obra es un clásico vivo, una de las más influyentes del siglo XX, que cada día reclama más y más lectores dentro y fuera de Rusia. Hace dos años, la compañía británica Complicité trajo a Barcelona su deslumbrante adaptación teatral, en uno de los mejores montajes que se recuerdan en esta ciudad. Y pocos saben que fue la novela que inspiró el Simpathy for the devil de los Rolling Stones; el libro fue un regalo que Marianne Faithfull hizo a Mick Jagger y que el stone devolvió con creces a la cultura pop.

La editorial Nevsk y Project pequeño sello especializado en literatura eslava, acaba de lanzar una versión de la novela con nueva traducción de Marta Rebón que se basa en el texto considerado definitivo, fijado en 1990 por la especialista Lidia Yanóvskaya. Aunque la versión de Amaya Lacasa para Alianza, la versión española que circulaba hasta el momento, ya incluyera buena parte de los textos que la censura soviética había eliminado en la primera aparición de la obra en 1967. El trabajo de Yanóvskaya se ha apoyado en el de Marieta Chudakova, que tuvo acceso a todos los documentos de Bulgákov gracias a la amistad de la viuda y es autora de una biografía inédita en España. La veterana filóloga, presidenta de la Fundación Bulgákov, visitó Barcelona recientemente y es capaz de relatar la vida de su admirado autor hasta el más mínimo detalle.

Bulgákov escribió, destruyó y reescribió El maestro y Margarita sucesivamente durante más de 10 años, víctima del ostracismo a que lo sometió Stalin, armado de una fe inquebrantable en su obra -y eso tiene más mérito-, sabiendo que jamás vería su publicación. Así llegó a construir, aunque la dejara ligeramente inacabada, esa historia fantasmagórica y realmente divertida en la que un diablo, Volland, y su séquito en un Moscú grotesco -y un punto goyesco-, pone patas arriba la ciudad e intenta manipular al Maestro enamorado de Margarita (en claro homenaje al Fausto de Goethe) y autor a su vez de una versión apócrifa de la vida de Poncio Pilatos.

Una de las frases más repetidas de la obra, «los manuscritos no arden», alude a la capacidad de supervivencia y de trasmisión de la literatura sea cual sea su formato. Lo que en el caso de El maestro y Margarita es un perfecto ejemplo porque Bulgákov echó a las llamas de una estufa los dos primeros cuadernos de la primera y muy incipiente versión.

«En 1929 Bulgákov había pasado de ser el autor más representado en los teatros soviéticos a ser vetado en todos los escenarios -explica Chudakova- y aunque ha enviado siete cartas a los más altos miembros del gobierno, incluido Stalin, ha perdido todas las esperanzas de estrenar y de publicar. Desea marcharse del país y si no le dejan, ha decidido suicidarse y no dejar huella de su trabajo. Es entonces cuando quema los manuscritos, ante la presencia de Elena Serguéievna, entonces su amante, que se convertirá en su tercera esposa y en el modelo de Margarita. Es ella la que rescata del fuego unos 20 capítulos, medio chamuscados». Muchos años después, Chudakova logró recuperar, mediante análisis textual y paciencia esa versión primeriza, hoy dirigida a los expertos, que solo muestra el trasfondo social y grotesco de la novela. «En aquella versión no estaban ni el maestro ni Margarita, es decir no estaba la parte más autobiográfica de la novela que solo fue añadida más tarde cuando Bulgákov la reescribió de memoria y sin notas», explica Chudakova.

El 18 de abril de 1930, dos días después del suicidio de Maiakovski, Bulgákov, con el revolver preparado en el cajón de su despacho, recibe una llamada. Es el camarada Stalin en persona y la conversación -una especie de juego del gato y el ratón-, una de las más famosas de la historia de la literatura soviética. «Al principio creyó que era una broma. No sabemos exactamente lo que se dijeron, tan solo la transcripción que años después hizo Elena Serguéievna. Stalin, con voz lastimera, le preguntó. '¿Verdaderamente está harto de nosotros? ¿Quiere marcharse?'. Bulgákov impresionando por la llamada se asustó y claudicó, dijo que se lo había pensado mejor y que creía que un escritor ruso no podía vivir lejos de su patria. Stalín zanjó: 'Yo opino lo mismo'».

Desgraciadamente, el escritor firmó su sentencia, porque aunque parecería que el dictador empezaba a protegerlo, su estatus no cambió lo más mínimo. «Sin embargo -explica Chudakova-, años después la viuda del escritor me confesó que en cierta forma sentía que con su llamada Stalin le había alargado la vida, porque a partir de entonces, aun sabiendo que lo que prometía era mentira, nunca más habló de matarse».

Dedicatoria implícita

Próximo a su muerte de un problema renal, Bulgákov organizó una lectura de la novela frente a sus amigos y aunque muchos de ellos ya conocían fragmentos, se quedaron «petrificados» al darse cuenta de su significado. «A nadie se le había ocurrido que el diablo que recorre la novela, ese Volland manipulador que se ríe de todo el mundo, pudiera ser la encarnación de Stalin, pero en esa lectura la identificación quedó clara. Todo el conjunto adquirió un valor pavoroso».

Jamás volvió a hablar con Stalin, pero le dedicó su obra maestra. «El maestro y Margarita es como una carta dirigida a Stalin», sostiene Chudakova. En ella dijo lo que no se atrevió en aquella llamada telefónica y lo ratificó con un acto aun más temerario, le mandó un ejemplar. Se desconoce si el terrible Koba llegó a leerlo.

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