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ADIÓS A UNO DE LOS GRANDES CREADORES ESPAÑOLES

Maestro del diseño lógico

Muere Rafael Marquina, el padre de las famosas aceiteras antigoteo

NATÀLIA FARRÉ
BARCELONA

Sábado, 8 de junio del 2013

Rafael Marquina sostiene una de sus aceiteras, en el 2010.

A Rafael Marquina le gustaba explicar la anécdota que dio pie a que pensara en crear uno de los objetos más logrados del diseño español: las aceiteras que llevan su nombre. Contaba que, cuando era niño, cada vez que cogía la aceitera recibía una colleja de su madre. La aceitera, como todas, goteaba y para evitar las manchas tenía, como todas, un plato debajo que recogía el líquido vertido. El proceso era siempre el mismo: para aliñar la comida asía la aceitera, la levantaba, su madre le decía «cuidado», el plato caía, el mantel se manchaba y llegaba la colleja.

Por eso creó las vinagreras en forma de matraz que son las únicas que ni gotean ni manchan. Y que son, además de un icono del diseño de los años 60, uno de los objetos más plagiados de la historia. Rafael Marquina, que murió el pasado jueves en Galliners (Pla de l'Estany) con 91 años, confesaba después de contar la anécdota que esta no era cierta, pero que le iba de perlas para ilustrar lo que él creía que debía ser un buen diseño: «práctico y lógico», algo que «mejore el uso de lo ya existente, si no, es una frivolidad».

Todas estas características cumplían sus aceiteras, que le dieron la fama pero no la riqueza. Por un lado, Marquina calculaba que cada año había un millón de copias falsas circulando por el mundo, de las cuales él tenía una colección que expuso en el 2010. «Lo que me jode no es que me copien, sino que me copien mal», le gustaba decir parafraseando a Miguel Milá, el otro padre del diseño industrial español con permiso de José Antonio Coderch. Y por otro lado, fue una pieza que tardó en triunfar. Aunque ganó el primer premio Delta (1961), no empezó a producirse industrialmente hasta décadas más tarde, con la aparición del pyrex.

FAMILIA DE ARTISTAS / Pero aunque le pasaba como a Manuel Jalón, el inventor de la fregona, que su fama iba asociada a un único producto, Marquina diseñó muchos otros objetos y trabajó también como interiorista y arquitecto. Suyos son el interior de la antigua joyería Roca y el del edificio central del Banco de Bilbao, ambos en Barcelona. Fue también profesor de la escuela de diseño Elisava, articulista en diferentes publicaciones y últimamente dedicaba su arte a la escultura.

Un montón de ocupaciones creativas para alguien que se crió en una familia de artistas: su abuelo materno fue el fotógrafo Pau Audouard y su tío, el poeta Eduardo Marquina. Además, su hija es la reconocida diseñadora de alfombras Nani Marquina. Pese a que ha muerto en el Pla de l'Estany, donde residía desde 1975, y a que se sentía profundamente barcelonés, nació en Madrid, en 1921, por accidente. El año pasado fue galardonado con la Creu de Sant Jordi.

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