Abrumadora demostración de poder sinfónico. Zubin Mehta y la Filarmónica de Israel cautivaron en Sant Feliu, en la propuesta más destacada de la 50ª edición del Festival de la Porta Ferrada. La formación y su director superaron las dificultades que plantea un concierto de esta magnitud en un espacio al aire libre como el del Espai Port, en el que el sonido tiende a la dispersión en lugar de recogerse como en un auditorio. Sin embargo, el resultado estuvo a la altura del esfuerzo realizado por la muestra, con la colaboración de una organización judía. La irrepetible cita quedará como un hito en la historia del festival de verano decano de Catalunya.
Zubin Mehta, durante el concierto que ofreció en la Porta Ferrada con la Filarmónica de Israel. XAVIER CASALS
Información publicada en la página 322 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 04 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
MEDIDAS DE SEGURIDAD /El concierto estuvo rodeado de grandes medidas de seguridad. La preocupación de los Mossos d'Esquadra era que algún espectador pudiera colar pancartas antisemitas como las que se exhibieron el día anterior en el concierto que la Filarmónica ofreció en Santander. Pero nada de eso sucedió y la maravillosa noche, iluminada por la luna llena, discurrió dando protagonismo a un programa consagrado al sinfonismo europeo del siglo XIX.
El concierto viajó desde el primer romanticismo, escenificado con la octava sinfonía de Beethoven, hasta llegar al posromanticismo y nacionalismo musical de la mano del Capricho español de Rimski-Kórsakov y la Sinfonía del nuevo mundo de Dvorak. El inicio con Beethoven ya fue indicativo de la homogeneidad de una formación a la que Zubin Mehta lleva nada menos que 35 años vinculado.
GUIÑO ESPAÑOL / El magnífico equilibrio entre las secciones apareció en el guiño español de la obra de Rimski-Kórsakov. Soberbia percusión y exhibición del concertino en una obra con impactantes cambios de timbre. Pero donde apareció el lujo sonoro fue con la apabullante sinfonía de Dvorak. Formidable versión, que dio opción de lucimiento a flautas, timbales y cuerda. Una brillante propina con la obertura de La forza del destino cerró una noche verdaderamente memorable.