No compite por la Concha de Oro, pero Lo imposible fue ayer la gran protagonista del Festival de San Sebastián. Con un prespuesto de 30 millones de euros [cifra descomunal en la industria espoañola] J. A. Bayona (Barcelona, 1975) narra la historia real de una familia que consiguió sobrevivir al tsunami que asoló el sureste asiático en el 2004. Vendida y amortizada ya en todo el mundo -excepto en Japón donde el terremoto del 2011 está demasiado cerca- llega a los cines españoles el 11 de octubre.
Información publicada en la página 68 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 28 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
-Belén Atienza, productora de Apaches, escuchó un día a María Belón en la cadena SER contar cómo sobrevivó junto a su familia a la catástrofe. Ahí nació Lo imposible.
-Belén, al principio, no tenía pensado hacer una película. Lo que pasa es que a ella le encantan las historias y me la contó. No pudo llegar al final. Yo me puse a contársela a mis padres y a mis amigos y tampoco podía llegar al final. Me obsesioné y pensé: aquí hay algo. Han pasado cuatro años y sigo sin poder acabar cuando empiezo a contarla.
-Entró usted al despacho de Paolo Vasile [máximo responsable de Telecinco Cinema con quien en el año 2007 rodó la taquillera El orfanato] y le dijo: 'Quiero hacer lo imposible'.
-Sí. De hecho, Vasile fue el primero que me dijo: hay que ver el tsunami. Ese era nuestro mayor reto técnico. Pero todo fue inteligente y sensato.
-Y complicado. Su amigo y mentor Guillermo del Toro le dijo que pagaría por no hacerla.
-Guillermo me habló mucho de lo que James Cameron había sufrido rodando Titanic, entre otras cosas, por el agua. Pero es que yo no me quitaba la historia de la cabeza.
-Además de la brutal ola que se comió mediosureste asiático, la película muestra lo que sucedió después, un drama doloroso.
-La historia real es mucho más tremenda que lo que aparece en pantalla. María [Belón] me dice que el filme no es nada comparado con lo que supuso estar allí. A pesar de eso hemos intentado ser lo más realistas posibles.
-A los críticos les suelen dar urticaria los sentimientos a flor de piel.
-Creo que, en general, hay muchos tabús a la hora de mostrar las emociones y provocarlas. No solo sucede con los críticos de cine. También con los actores. Es más difícil dirigir a un actor en una escena dramática que a una actriz.
-¿Por qué?
-Falta educación sentimental. A los hombres se nos enseña que no hay que llorar. Sé que esta película va a provocar rechazo en ciertos sectores. Pero, por ejemplo, la escena de Ewan McGregor con otros hombres emocionándose... Es un filme muy duro y necesitas momentos de alivio. Uno de los tres hijos de María [Belón] me decía que allí no lloraban porque no tenían tiempo y cuando lloraban era porque había un motivo de alegría. Cuando te puedes marchar de Tailandia, entonces es cuando puedes llorar. Ahí empezó lo realmente imposible para esta gente.
-La superviviencia no es sinónimo de victoria. María Belón no es la misma persona.
-Nadie lo es. En la película no ves morir a nadie. Ni occidental ni tailandés. No es necesario matar a nadie para hablar de la muerte. Hay mucho sufrimiento en el hecho de que vivas esa experiencia y te devuelvan a casa sin ninguna explicación. A veces me preguntan qué he querido contar con Lo imposible. Y yo les pregunto: ¿Y qué les contaron a ellos? Lo bonito es vivir la película, sentirla. Y cuando vuelvas a casa, entonces empezar a pensar en tu vida, tu familia.
-Ha tratado de huir de la mirada del turista occidental.
-He evitado el tratamiento condescendiente. No quería ser el europeo que llegaba a Tailandia para contar una tragedia en la que decir al público lo mucho que sufrieron los tailandeses. No he diferenciado a occidentales y tailandeses. Sí que hay una diferencia, claro, y es que los tailandeses se quedan y los occidentales se van a casa. Pero también he querido mostrar cómo los tailandeses que perdieron todo se entregaron a ayudar. En otro momento de la película un turista alemán deja su teléfono al personaje de McGregor a pesar de que apenas le queda batería. Todo eso es una visión muy bonita y hace que la película sea reconfortante. Si no, sería insoportable.
-¿Qué piensa cuando oye al Gobierno hablar de «entretenimiento»?
-Si tratamos la cultura como un gasto y no como una inversión ¿sobre qué pilares estamos construyendo la sociedad del mañana? No estamos construyendo esa sociedad, la estamos destruyendo. Es fácil cerrar una empresa, lo difícil es abrirla. Y las películas españolas de ahora están demostrando que esta empresa tiene futuro. En Lo imposible han trabajado 200 personas españolas que pagan sus impuestos. El otro día escuché una cosa preciosa: «La vida sin cultura no se vive, pasa de largo».