Loquillo se reencontró con Sabino Méndez, compositor de los clásicos de la era troglodita, en el disco en directo 'Hermanos de sangre' (2006), pero quedaba pendiente un nuevo trabajo con material inédito. Esa obra es 'La nave de los locos', a la venta a partir de hoy; un disco en el que José María Sanz aborda un repertorio de Méndez 24 años después de su última cita, 'Morir en primavera'. Ve la luz en vísperas de dos novedades editoriales: el libro de fotos 'Rock & roll star' (Jordi García y Miguel Pérez) y la reedición de la novela 'El chico de la bomba'.
-¿El Loquillo poético es un paréntesis, y el auténtico es el rockero?
-Pues aún no lo tengo claro. Depende de mi estado de ánimo. Después de los teatros, la bestia volvió a crujir y ya no podía esperar más: estos son tiempos de rock'n'roll. Es un disco barcelonés: Jaime Stinus vive aquí; Sabino (Méndez) es barcelonés, Manel Esclusa ha hecho las fotos...
-¿Qué ha sido lo más difícil a la hora de recomponer la relación con Sabino Méndez?
-Ha sido más fácil de lo que la gente puede pensar. Cuando actuó conmigo en Bilbao, en el 2005, ya llevábamos dos o tres años de relación. Tuvimos unos encuentros para llevar al cine su libro 'Corre, rocker' , y acabamos comiendo una paella en Sitges con nuestros hijos jugando en la playa.
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