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entrevista

Llorenç Santamaria: «Yo supe elegir, pero también me dejé llevar»

El cantante mallorquín Llorenç Santamaria charla con EL PERIÓDICO sobre su último disco.

F.NADEU/E.SOTOS

El cantante mallorquín Llorenç Santamaria charla con EL PERIÓDICO sobre su último disco.

JORDI BIANCIOTTO
BARCELONA

Martes, 1 de mayo del 2012

Llorenç Santamaria, fotografiado la semana pasada en Barcelona.

Mallorquín afincado en Barcelona, pionero del rock en los 60 e ídolo de la canción romántica en los 70, Llorenç (antes, Lorenzo) Santamaría ha estado hace poco ocupado en los escenarios con el musical Cop de rock. Mañana presentará en Luz de Gas (21.30 horas) su primer disco en 12 años, Pell de gallina. Un trabajo, confiesa, lleno de alusiones al pasado. «Me ha salido así, ¡qué le vamos a hacer!», se disculpa con naturalidad.

-¿Por qué le inspira más el pasado?

-La actualidad es tan indignante que me saldrían canciones muy extremistas. Porque yo me siento indignado. Tengo una canción sobre la corrupción de Mallorca que no he incluido en el disco porque me parecía oportunista. Así que prefiero escribir del pasado, del amor...

-Y mirando hacia atrás, tenemos la canción Plaça Gomila.

-En los 60, esa plaza de Palma era el centro de todo, con los guapos de todo el mundo, como luego en Eivissa.

-Y allí, en 1968, compartió escenario con Jimi Hendrix.

-Su mánager, Mike Jeffery, tenía dos salas en Mallorca, Toltec y Haima, en las que yo actuaba con el grupo Z-66. Luego abrió otra, Sgt. Pepper's, y para la inauguración trajo a Jimi y su grupo, The Experience. Él hizo su concierto, que fue un escándalo, ¡agujereó el techo de yeso con su guitarra!, y al día siguiente, en nuestra actuación, apareció y se puso a tocar blues. Lo repetimos otro día. Yo ni me atreví a cantar: estaba literamente cagado. Me pasó lo mismo con Eric Burdon, de los Animals.

SEnD«Hem d'escollir, hem d'escollir...», repite en la primera canción del nuevo disco. ¿Cómo lo hizo para elegir ser rockero y, luego, estrella de la canción romántica?-Siempre me he movido por impulsos. Eso ha marcado mi vida. Supe elegir y también me dejé llevar. Cuando era muy conocido me ofrecieron el papel de Judas en Jesucristo Superstar, cuando Teddy Bautista lo dejó, y no me vi haciendo la obra cada noche en Madrid. Dije que no. Luego me llamaron para hacer Che Guevara en Evita, y volví a decirles que no. No lo entendieron: «¡quién te crees que eres!». Con Un cop de rock, en cambio, decidí lanzarme. ¿Por qué? No lo sé; son impulsos.

-En los 70, cuando tuvo éxitos como Para que no me olvides, ¿sintió que traicionaba su alma rockera?

-Sí. Las canciones podían gustarme, pero un álbum entero del mismo estilo me cansaba. Y no me gustaba el artisteo de Madrid. Me dejé llevar e iba a regañadientes. Z-66 no despegaba, y las discográficas buscaban solistas. Me convencieron. Todo el mundo me halagaba. ¡Pero luego la discográfica quería diez Para que no me olvides! A la que me di cuenta ya habían pasado unos cuantos años. En 1978 me planté y dije que quería hacer un disco de rock'n'roll. No me comí una rosca: no era creíble para los rockeros, ni para los otros. Acabé encontrándome a mí mismo cuando grabé Entre cella i cella en catalán.

-¿Se ha reconciliado con aquella etapa?

-Sí, hace tiempo. Ahora, con este disco he hecho lo que he querido. Y he dejado de preocuparme por la temática que debe tener una colección de canciones.

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