-Comenzó adaptando canciones de Pretenders y Patti Smith. ¿Necesitaba dejar atrás ese molde anglo?
-Uno debe sentir que quiere hacerlo. La vida me la llevado a tener esa experiencia. Tenía mi grupo, Berlín Este, y un día me propusieron hacer algo en catalán para los premios Octubre. Canciones judías con las que viajé por Europa, Estados Unidos...
Información publicada en la página 80 de la sección de Televisión y Radio de la edición impresa del día 20 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
-Le fueron proponiendo cosas y usted iba aceptándolas...
-Sí, como el repertorio de trovadores. Sudé mucho, pensaba que era un horror. Y me dije: ¿es un horror porque no lo sé hacer o porque no me gusta? Esta es la clave; ahora, ante cada reto pienso: cuando sepa hacerlo, ya decidiré si me gusta o no.
-Lluís Llach tuvo un papel en sus inicios. ¿La encarriló?
-Vio mi repertorio judío y me apoyó. Fui telonera en su gira El pont de mar blava, en la que estaba enrolada Sílvia Comes. Allí nos conocimos,
-Y algo ocurrió.
-La vi actuar y me pareció diferente, un espectáculo en sí misma. Luego, personalmente, fue una relación bastante complicada; nos tuvimos que entender a través de la música.
-¿Qué les pasó?
-Hubo diferencias, pero más allá de todo eso, lo que hicimos fue convivir. La música nos lo puso así; fue una semilla. Yo le decía a ella que lo nuestro era como una xenofobia bien llevada...
-Qué poético...
-La música nos daba tanto, que a través de ella estábamos dispuestas a trabajar nuestra relación personal. Pero, al final, artísticamente estaba agotada. El primer disco funcionó, pero luego estábamos repitiendo la fórmula de trabajo, y ya no había aquel incentivo.
-Aquel repertorio ha quedado colgado en el tiempo. Ni Comes ni usted lo interpretan.
-Es cierto. Hoy cantaré dos piezas, El conte dels dos suïcides y Missatge. A mí me encantan esas canciones.
-Su debut en solitario, Iaie, tuvo menos repercusión de la que merecía.
-Era ecléctico y pasaba por muchos lugares. Cuando acabé con Sílvia decidí que ya no me apetecía cantar más al amor de pareja, que cantaría al amor de tres o más. Luego entré en la crítica social con Els amants de Lilith. Y ahora, La cerimònia de la llum.
-Cada vez la vemos más mística.
-Si mística es despegada del suelo, no: cada vez soy más consciente de nuestra responsabilidad en nuestro espacio físico y espiritual. Nos hace falta otra espiritualidad, que sea transversal para una sociedad transversal. Por eso me alegra que Teresa Forcades esté en uno de los recitales. El monasterio de Sant Benet de Montserrat es un ejemplo de respeto a la singularidad de la persona.