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Análisis

La lectura y las vidas

Miércoles, 20 de junio del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
JAUME SUBIRANA

Este es uno de los artículos que uno querría no tener que escribir. Emili Teixidor ha sido (he escrito es, y he tenido que detenerme y pulsar la tecla de borrar) un escritor de referencia, uno de los mejores narradores en catalán del momento, pero también alguien a quienes muchos echaremos a faltar de una forma concreta, material y honda. Echaremos a faltar a Emili Teixidor porque era alguien que, allí donde estaba, se notaba su presencia. Vital y socarrón (a veces hasta el sarcasmo), no encajaba en los ambientes estirados ni con los discursos convencionales. Y esto, aquí, vale su peso en oro. Aunque se pague, eso sí, en onzas de oro. Pero cierro los ojos y lo escucho reír. Gracias por la sonrisa contagiosa, Emili, y por la ilusión.

Fotograma de la película 'Pa negre'.

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Información publicada en la página 70 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 20 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Lo echaremos a faltar porque era un narrador extraordinario. Tuve el privilegio de descobrirlo cuando leí, aún en pruebas, Retrat d'un assassí d'ocells. Durante años hablé bien de esa novela afilada, que tuvo un eco demasiado discreto y que después quedó a la sombra con El llibre de les mosques y sobre todo con el estallido (bien, aquí ya se sabe que los estallidos literarios son a la catalana: siempre discretos) de Pa negre, que en el 2004 consiguió en pocos meses tres premios mayores: el Crexells, la Lletra d'Or y el Premi Nacional.

Echaremos a falta a Teixidor porque ni cuando escribía ni cuando opinaba lo que decía era banal, ni hecho de cualquier manera (o hecho y dejado ir). Y porque escribía como vivía y vivía como escribía: desde la ilusión de que todo vale la pena si uno se esfuerza en que valga la pena. Preguntado sobre por qué escribía, respondió: «Creo en una colección particular de imágenes esenciales que vamos recogiendo a lo largo del vivir, de fragmentos de ficción seleccionados y conservados amorosamente en nuestra biblioteca interior». Teixidor no ha dejado de moverse, de buscar y recoger. Y en este camino no ha dejado de crear. Lo echaremos a faltar, también, porque le preocupaba, tanto o más que la Literatura con mayúsculas, el hecho más común y básico (pero mucho más trascendental) de la lectura: cómo se hacen los lectores, cómo se transmite el hábito, cómo se defiende el patrimonio intangible que el mundo de la imaginación escrita representa. Fruto de esto fue La lectura i la vida (2007), pero también muchas conferencias y participaciones en coloquios y debates. Porque Emili Teixidor (pedagogo, articulista, guionista, tertuliano, narrador) pagó al país y a su cultura el peaje del activismo, pero lo hizo sin perder el buen humor ni la fe en la palabra. Quizá de aquí le venía su otra gran afición de los libros para niños y jóvenes. De hecho, antes he escrito una media verdad: como tantos otros, yo conocí a Teixidor leyendo L'ocell de foc, y durante meses por él quise ser un juglar niño vagando en busca de aventuras por los caminos de mi país...

Qué jugada, Emili. Se nos ha apagado su risa. Te seguiremos leyendo, claro, pero ya no será lo mismo. De los cientos, de los miles de vidas de la literatura, contigo se apaga una. Y justo esta la echaremos mucho en falta.

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