ÚLTIMA HORA La Agencia Tributaria descarta acusar de fraude fiscal a la Infanta Cristina, según ABC
en la entrada del Arteria se respiraba la excitación de los fenómenos fan, aunque no había mucho adolescente por allí. Había quien preguntaba dónde podía esperar a Hugh Laurie a la salida para que le firmase unas fotos. Su gozo en un pozo: "No va a salir, se va". Nerviosismo general. Habría sido un impacto que Laurie apareciese en escena y respondiese a las ofrendas de amor y el calor reinante con displicencia, al estilo de su personaje en House (sobre todo en su primera época). No fue así. El actor (y muchas otras cosas) británico se comportó de forma encantadora desde el primer minuto, revelando su madera de entertainer con comentarios e incluso atisbos de comedia física que animaron bastante el show.
Hugh Laurie, anoche, durante el concierto que ofreció en el teatro Arteria Paral·lel de Barcelona. FERRAN NADEU
Información publicada en la página 321 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 27 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
"Si yo lo fastidio, no se preocupen; ellos cuidarán de ustedes", dijo presentando a su banda, The Copper Bottom Band. Músicos todos excelentes, del guitarrista alto especializado en guitarras pequeñas Kevin Brait al encargado de vientos Vincent Henry (o "los pulmones", según Laurie), pasando por Jay Bellerose (batería), David Piltch (contrabajo), Patrick Warren (teclado) y Jean McClain (coros), quien a la altura de John Henry tomó la voz principal.
Laurie es un líder generoso, realmente. Durante el concierto no perdió oportunidad para compartir los focos con sus compañeros, cantar sus virtudes y, en fin, presentar aquello más como trabajo en equipo que como oportunidad para su lucimiento exclusivo. Arrancaron con Mellow down easy el que fue un recorrido generoso, muy generoso (es el adjetivo ideal para esta noche) por la tradición blues de Nueva Orleans. Como en el disco que ha propiciado estas actuaciones, Let them talk (2011), Laurie cantó con apropiado acento estadounidense, olvidando su ADN brit para convertirse en reflejo aplicado de sus ídolos transoceánicos.
Justo después de Mellow down easy, uno de los mejores momentos: su versión del tema anónimo St. James Infirmary, del que recordó el misterio de su origen; algunos creen que se trata de una adaptación de una tonada británica y que el hospital del título es, ahora, St. James Palace, donde según Laurie la reina debía estar en ese momento jugando a la PlayStation.
Entre las muestras de camaradería, la musicología y la comedia inspirada se movió, así, un espectáculo entrañable y nada sobrado, a la House, sino bastante modesto. Cuando se colgó la guitarra para Waiting for a train, Laurie declaró no saber tocarla demasiado bien. "Venía con la camisa", aseguró. El público se rindió en todo momento a su sinceridad. Y a su carisma, claro.