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Exposición centrada en los años 60

Las 'locuras' de Oldenburg animan el Guggenheim

Bilbao reúne las obras del artista pop previas a sus colosales esculturas

Martes, 30 de octubre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
NATÀLIA FARRÉ
BILBAO

Un cucurucho de vainilla de 10 metros en el tejado de un edificio, un botón de seis metros en medio de un jardín y una caja de cerillas de proporciones gigantescas en el centro de una rotonda. Son tres de las colosales esculturas creadas por Claes Oldenburg para espacios públicos de diferentes ciudades. La tercera de las mencionadas, los fósforos de colores chillones, para Barcelona, en 1992. Son también las piezas que han dado fama a este artista sueco afincado en EEUU. Pero antes de construir estos objetos cotidianos de escalas imposibles para plazas públicas, Oldenburg (Estocolmo, 1929) contribuyó a la revolución artística que se coció en Nueva York, en los 60, en contra del expresionismo abstracto y a favor de las nuevas estéticas. De esta etapa, menos conocida pero fundamental en su trayectoria por su trabajo rompedor que sentó las bases de su escultura pop art, habla Claes Oldenburg: los años sesenta, en el Guggenheim de Bilbao hasta el 17 de febrero.

Claes Oldenburg posa junto a algunas de sus piezas de los 60, ayer en el Guggenheim de Bilbao. AFP / RAFA RIVAS

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Información publicada en la página 60 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 30 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

No es la primera vez que el escultor visita el museo bilbaíno. Estuvo presente con la pieza Barco navaja cuando se inauguró el centro, en 1997; y ahora, en su 15º aniversario, vuelve con la mayor exposición organizada nunca sobre su etapa primigenia. Un momento de «enorme productividad», según Achim Hochdörfer, comisario de la exposición, en el que el artista abrazó el pop art. «Pensamos siempre en el pop art como algo cínico que imita los mecanismos de diseño moderno, pero la versión de Oldenburg es más humana, más expresionista y más antropológica», puntualiza Hochdörfer ante las simpáticas, divertidas, coloristas, medio gamberras y medio naíf obras que recoge la muestra patrocinada por la Fundación BBVA. Piezas a las que Oldenburg llama cariñosamente «locuras» y que invita a «disfrutar a través de la imaginación».

FLÁCIDOS Y DESMESURADOS / La exposición arranca con La calle, una instalación con piezas realizadas con maderas y cartones reciclados que se exhiben colgadas del techo, igual que se exhibieron en su debut, en 1960. Son obras sin color que se mueven entre el expresionismo abstracto y el grafito. Obras muy diferentes a las representaciones de objetos cotidianos pintados con colores brillantes que el artista vendía en su estudio convertido en La tienda por obra y gracia de una instalación. Pedazos de pastel, patatas, camisas, zapatos, además de un Expositor de lencería, «punto de arranque del pop art», según el comisario, y Cucurucho en el suelo, la primera escultura blanda (lienzo relleno de gomaespuma) que realizó. Luego vinieron más teléfonos, ventiladores, tuberías, hamburguesas e interruptores flácidos y desmesurados que forman la tercera serie: El hogar, un trabajo más cercano al actual.

El Museo Ratón, cuyo interior alberga una vitrina con 381 objetos coleccionados por el artista cierra la muestra y una etapa. Luego vino la escultura pública de dimensiones colosales y el reconocimiento popular. Pero esto es ya otra exposición.

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