El Periódico

entrevista

Karra Elejalde: «Ya no puedo salir a tomarme un gintónic»

El actor estrena 'A esmorga', una película basada en el clásico censurado de Eduardo Blanco Amor

IMMA FERNÁNDEZ / BARCELONA

Domingo, 10 de mayo del 2015

Se ha roto una costilla «a lo vasco». Tosiendo. Pero esta vez se mete en el pellejo y la lengua («solo aprendí 120 frases», aclara) de un gallego. Es Bocas y se va de esmorga, de parranda, con Cibrián (Miguel de Lira) y Milhomes (Antonio Durán Morris) en la Galicia rural de los años 50. El clásico censurado de Eduardo Blanco Amor, adaptado por Ignacio Vilar.

-¡Qué esmorga más triste!

-¡Qué jodida era la posguerra! Blanco ha hecho una oda al fatalismo. Una tragedia griega. Tres tíos que no han hecho nada pero por pánico al poder, al régimen, huyen hacia adelante, hacia la perdición.

-¿Qué tiene usted de Bocas?

-Desearía tener poco. Su anhelo es estar con alguien que no sea puta aunque sea una princesa de estercolero. Cuando bebe consiente que Milhomes se le insinúe, pero luego se avergüenza y le pega. Eduardo, como homosexual que era, reivindica la crudeza del mundo cuando no es un mundo para ti. Tenía una relación de amor-odio con Galicia. También transmite la magia de la Galicia interior. Hay algo telúrico.

-¿Cómo lleva usted las borracheras?

-Yo no he sido de mucho beber. Hubo en mi familia gente que ya bebía suficiente, el problema con el beber ya lo viví de niño en mi casa. Preferí los porros y las drogas.

-«No me gusta la gente que no bebe», ha dicho.

-No es que no me gusten, es que no son de mi idiosincrasia, no entiendo a los que dicen que no les gusta beber, follar... Gente acomplejada que consideran que siempre están pecando. No me gusta esa educación judeo-cristiana que provoca que duela más la culpa que lo pernicioso por beber, irte de putas o drogarte.

-El director le eligió porque combina animalidad y ternura. ¿Es así?

-Soy muy cariñosito, tierno, pero también tengo mala hostia. Si no me tocan los huevos intento llevarme bien, ser generoso, comprensivo. Creo que el 99,9% de las personas son buenas. Tengo fe en el ser humano.

-Rueda la secuela de Ocho apellidos... en Catalunya, donde reside. ¿Qué retrato hace de los catalanes?

-En la peli hemos querido romper y cagarnos en los tópicos. Yo tengo amigos gallegos que no sé si vienen o van; sevillanos que no tienen gracia, madrileños que no son chulos, vascos que prefieren el tofú al chuletón y catalanes que me han dejado dinero cuando el frigorífico tenía telarañas.

-Se avecinan las elecciones, ¿por dónde tira usted?

-Tengo fe en cualquiera que nos saque del bipartidismo PP-PSOE, que, unos más que otros, llevan lustros chorizándonos la vida.

-Logró un Goya por la comedia de Emilio Martínez-Lázaro. ¿Sirven para algo los premios?

-Para sujetar gorros. Yo no soy mejor actor después de Ocho apellidos vascos. Esto es una lotería. En muchas cosas, los éxitos me han cambiado la vida a mucho peor; he perdido calidad de vida. ¡Ya no puedo salir a tomarme un gintónic! No me dejan vivir.

TEMAS

La renovación de Leo se está fraguando; su padre está en la ciudad condal