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A media tarde, durante una de esas sesiones de dj que el público aprovecha para sentarse al sol -tumbarse allí es una entelequia-, en el SonarVillage sonó A love supreme, el mantra del saxofonista John Coltrane. Quizás era un guiño al concierto que vendría después. Steven Ellison, alias Flying Lotus, es familia más o menos cercana del gran místico del jazz moderno. Hasta aquí el parecido. O quizás no. Flying Lotus vive en la esfera de la electrónica y su karma, definitivamente, es más de raver que de místico. Pero su música hierve en ideas. Giros, cortes, cambios de ritmos y contrastes de timbres, de agudos que chirrían a bajos que son la pesadilla de cualquier equipo de sonido. Tiene algo de la obra de un iluminado.
Información publicada en la página 63 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 16 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Una pena que el jueves, todos esos matices quedaran sepultados por los graves de los altavoces. El sonido, escaso, que además falló a media sesión, no fue su aliado. Pero Ellison tampoco parecía demasiado preocupado. Él y su banda, que apareció a mitad del set, habían venido a pasárselo bien. Y dieron una fiesta que funcionó a trompicones, medio concierto, medio sesión de discoteca, con parones técnicos y travesuras de dj gamberro. Entre sus requetegraves coló éxitos ajenos de soul y hip- hop: sonaron el rapero Nas, la diva Erykah Badu, y I want you back de The Jackson 5 lo bailó hasta el vendedor ambulante de cerveza. Divertido, sí. Pero nada más.