A Juan Tamariz le tocó «madrugar» para presentar Magia potagia, el mismo título para un espectáculo siempre diferente que recala hasta el 10 de junio en el Poliorama. Juegos de cartas, escapismo, espiritismo, telepatía, humor y ese violín suyo imaginario que ha paseado por todo el mundo.
Juan Tamariz, con sus inseparables cartas, en el Poliorama. «A veces no sé si se ríen de mí o conmigo», bromea el gran maestro de la baraja. JOSEP GARCIA
Información publicada en la página 50 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 31 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
«Yo me levanto a las cinco [de la tarde] y hoy he tenido que hacer el esfuerzo de levantarme a las tres». Nuestro mago más prestigioso echa a dormir la chistera cuando el mundo ya hace rato que se desperezó. A las ocho o nueve de la mañana. «En mi familia tenemos un gen que nos impide dormir de noche. Hay incluso en internet grupos de ayuda para los que lo tienen porque para los que deben madrugar es un problema grande». Por suerte, su mujer, la maga colombiana Consuelo Lorgia, que le acompaña en el show, es también ave nocturna. «Si no, tendría que cambiar de marido», dice ella.
El multipremiado Tamariz -medalla de oro de las Bellas Artes 2011- vuelve con un espectáculo que incluye una «parte lírica y romántica», un homenaje a Georges Méliès y la participación del público. «La función varía cada día, depende del estado de ánimo de los presentes, de cómo reaccionan. Mi estilo de magia me gusta mucho porque es muy jazzística, tengo que improvisar y crear sobre la marcha». Hay que aparcar la razón para que gane la imaginación. «El toro de la lógica debe estar dormido mientras el caballo alado nos hace disfrutar de la ilusión».
MENTIRAS HERMOSAS / Todo el arte, sostiene Tamariz, es una mentira hermosa que hay que hacer sentir como verdad. También lo es el cine, a lo que quería dedicarse antes del embrujo de los naipes. Estudió en la escuela de cine de Madrid -«hasta que aquel dictador bajo y gordo cuyo nombre he olvidado nos expulsó a todos y la cerró»-, dirigió tres cortos y sacó la varita mágica. «El cine también es un gran truco. Hasta el nombre cine (kino) lo es: significa movimiento y ahí no se mueve nadie. Son imágenes fijas». Dice que a él los que más le han ilusionado han sido los magos -«la primera mi mujer»- y cineastas como Hitchcock y Orson Welles, «que rodó un documental maravilloso, Fraude, en el que hace de mago porque también era ilusionista».
Para Tamariz, la magia es el arte de hacer posible lo imposible. «Presentamos los sueños de todos como una realidad. Nos gustaría conocer el futuro, levitar, hacer desaparecer a alguien..., y tratamos de que la gente viva esos poderes como posibles».
Más difícil le parece vencer a los «trileros de Wall Street y los que se esconden bajo ese ente llamado mercado». A todos ellos les haría desaparecer «un par o tres de siglos». Suficiente. Lo de trocearlos se lo deja a su mujer. «Ella sí corta en tres a las personas. Yo no me dejo, por si acaso».
No está en sus manos la solución a la crisis, pero anima a no dejarse vencer y «luchar contra los trileros financieros; contra el engaño y el miedo». «No hay que creer que hay cosas imposibles. ¿Quién iba a pensar hace 30 años que un negro, Obama, sería presidente de EEUU?».
En este mundo de ilusiones perdidas, cada día son más los aficionados y profesionales del ilusionismo. «Ha cambiado la percepción social del mago, ahora es mucho mejor. He actuado hasta en el Festival de Música Clásica de Salzburgo, algo antes inimaginable».
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