Tras dos intentos frustrados, la obra de Hunter S. Thompson, Los diarios del ron, llega al cine gracias a Johnny Depp, que además de dar vida al protagonista, un expatriado periodista americano en el Puerto Rico de los años 50, es productor ejecutivo.
Información publicada en la página 57 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 04 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
-¿Qué significa para usted, después de tanto tiempo, llevar la obra de Thompson a las pantallas?
-Una gran satisfacción y sentido del deber cumplido. Todo empezó en el sótano de la casa de Thompson, revisando su manuscrito y hablando con él sobre la posibilidad de hacer una película. Ese fue su deseo antes de morir, pero por unos motivos u otros no se pudo llevar a cabo. Ahora estoy muy contento porque Thompson estaría feliz.
-Usted que le conoció bien, ¿cómo era el autor?
-Lo que mucha gente no sabe es que a pesar de ser un irreverente, un rebelde y, a veces, un tipo absurdo, era todo un caballero del sur, un hombre con un gran sentido del honor. Era un gran amante de la literatura, te podías pasar horas sentado en la cocina de su casa hablando de libros y de autores, desde Fitzgerald a Baudelaire. Yo lo adoraba, era como mi hermano mayor, mi tutor, mi mejor amigo. Lo sigue siendo porque lo llevo en el corazón.
-¿Cómo fue su primer encuentro?
-Fue en 1994, durante unas vacaciones Colorado. Me encontré con un amigo que lo conocía y me preguntó si me gustaría conocerle porque vivía por allí cerca. Nos dio una cita a media noche en la taberna de Woody Creek. Yo no sabía lo que me iba a encontrar. A la una de la madrugada se abrió la puerta de la taberna y vi cómo surgían chispas y la gente se apartaba. Oí una voz que decía: «Apartad de mi paso, bastardos». Las aguas se separaron y allí estaba él, con una pistola en una mano. Empezamos a hablar de Kentucky porque los dos nacimos allí. También charlamos de escritores. Luego le dije que me gustaba la pistola plateada que llevaba y me contestó: «Si quieres pegar unos tiros con ella, vamos fuera». A las tres de la mañana me encontré en el jardín de su casa, disparando contra unos tanques de propano y construyendo bombas con nitroglicerina. Desde entonces me convertí en su protegido (risas).
-El protagonista de Los diarios del ron, Paul Kemp, se siente seducido por la buena vida, el alcohol, las chicas y los coches de lujo hasta que descubre su propia voz y decide que lo que tienes que hacer es escribir sobre lo que piensa de todo ese mundo. ¿Se identifica con él?
-En parte sí, porque al igual que Thompson, al que le sedujo el dinero, a mí también me sedujeron con un montón de ofertas en Hollywood. Después de hacer Jump Street, en 1986, Hollywood me ofreció protagonizar películas en las que había, chicas, acción, explosiones, carreras de coches. Era fácil ganar mucho dinero, pero me di cuenta de que si lo hacía, en poco tiempo estaría acabado como actor porque todo el mundo hacía lo mismo. Preferí tener paciencia y esperar a que llegaran proyectos más interesantes, proyectos que me hicieran vibrar. Eso es lo que hice, y todavía estoy aquí.