un suburbio cualquiera en un barrio pobre de Francia. Tres días de agosto de 1950. Unos chavales que aprenden a ser criminales. Una anciana estrangulada. Un policía borracho y amargado... Eso y más, envuelto en el trazo y el color del pincel de Jacques Tardi, sumerge al lector en una atmósfera deprimente, decadente, angustiante y dramática, de vidas sin futuro, en un engranaje de novela negra que persigue cada una de las 240 páginas de Juegos para morir. Inédita hasta ahora en España, hoy llega a las librerías de la mano de Norma, la brillante adaptación al cómic que el dibujante publicó hace 20 años en francés, en 1989, de la novela homónima de Geo-Charles Veran, de 1950.
Información publicada en la página 326 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 27 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Geo-Charles Veran ganó con esta historia el Gran premio de la literatura policiaca 1950 de su país, un caramelo para Tardi (Valence, 1946), para quien el género negro, junto con el bélico, es una de sus especialidades. También es un maestro en adaptar novelas. No hay más que acercarse a la serie del detective Nestor Burma, creada por Léo Malet y ambientada en la Francia de posguerra, o a El grito del pueblo, basada en la obra de Jean Vautrin, sobre el levantamiento popular en la época de la Comuna francesa.
POLI ALCOHÓLICO /Con su habitual solvencia, Tardi hace en Juegos para morir un descarnado retrato de un barrio marginal, que arranca con un entierro, el de Belle, una anciana que ha sido estrangulada en su casa, que conoció tiempos mejores como bailarina de revista. Guardaba sus últimos ahorros para pagarse un entierro digno, pero no pudo ser. Joyas y dinero volaron. La historia tiene un protagonismo plural pero en él destacan el policía Maringer, alcohólico y desquiciado porque su mujeriego comisario sedujo años atrás a su esposa, y su hijo, Cat, maltratado por el padre y líder de una banda de cuatro chicos de entre 9 y 15 años.
En medio, policías, delincuentes, traficantes, prostitutas y personajes sin desperdicio, como una vieja baronesa que echa las cartas y lee el futuro. Un mundo de trapicheos en el que los jóvenes transitan sin escrúpulos. ¿Cómo escapar del barrio y de la miserable vida que les rodea? Un buen golpe que les lleve lejos, algo mucho más difícil de lograr lo que creen.