El puerto de La Valeta, la capital de la isla de Malta, respira historia por los cuatro costados. Todo en él, con sus varios brazos de mar, barrios amurallados y fortalezas, invita a imaginar asedios y batallas y, por poco que uno profundice en los libros de historia, comprobará que el escenario no decepciona.
La Valeta, la capital de Malta, es invadida hoy por los turistas de crucero.. AP / LINO ARRIGO AZZOPARDI
Información publicada en la página 311 de la sección de Opinión Verano de la edición impresa del día 27 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Empiezo la visita de La Valeta por el mirador privilegiado de los Barrack Gardens. A mis pies, el alto muro que protege La Valeta; enfrente, las llamadas Tres Ciudades -Birgu, Senglea y Cospicua-, protegidas por fortalezas. Y por si no bastara con tanta muralla, a la entrada del Grand Harbour destacan los fuertes de San Telmo y Ricassoli. Este último se ha reciclado en cotizado escenario para el rodaje de películas históricas, como Ágora y Gladiator. San Telmo, sin embargo, se mantiene fiel a una historia que se remonta a 1565, cuando la flota turca sitió La Valeta.
Fue un envejecido Solimán el Magnífico quien, a sus 70 años, ordenó conquistar Malta en mayo de 1565. La isla, básica para el control del Mediterráneo, había sido donada en 1530 a los caballeros de San Juan por Carlos V, después de que estos perdieran, precisamente ante los turcos, la isla de Rodas en 1522. Los caballeros se iban alejando de Tierra Santa que habían jurado recuperar, pero no renunciaban a la defensa de la cristiandad en un Mediterráneo tumultuoso.
Según Giacomo Bosio, historiador oficial de la Orden de Malta, la flota turca estaba formada por 48.000 hombres y 193 naves. Avistaron las costas de Malta el 18 de mayo de 1565, desembarcaron en el puerto de Marsaxlokk, a unos 10 kilómetros de La Valeta, y el 23 de junio consiguieron, después de duros combates, tomar el fuerte de San Telmo, enclave básico para rendir la isla. La reacción de Mustafá Pashá, encolerizado por las 6.000 pérdidas sufridas, fue cruel.
Duelo psicológico
Arturo Pérez Reverte lo cuenta así en su novela Corsarios de Levante: «Mandó crucificar en maderos los cadáveres de los caballeros capturados, y haciéndoles una cruz en el pecho con dos tajos de cimitarra, dejó que la corriente los llevara al otro lado del puerto, donde seguían resistiendo Sanglea y San Miguel, y luego compró todos los cautivos y los hizo degollar sobre las murallas. Bárbaro acto al que el gran maestre correspondió matando a los prisioneros turcos, y lanzando sus cabezas con cañones al campo enemigo».
Este sutil duelo psicológico mantuvo las espadas en alto. Los turcos persistieron en un sitio en el que menudearon los combates espada en mano, la crueldad y los bombardeos. Los caballeros eran solo 550 y, aunque contaban con unos 7.000 soldados, eran inferiores a los asaltantes en una proporción de 7 a 1. Aun así, resistieron el asedio cuatro meses, hasta el 12 de septiembre, cuando los invasores, desalentados por la llegada del mal tiempo, se retiraron.
Terminado el asedio, Jean Parisot de La Valette ordenó la construcción de una nueva ciudad, totalmente fortificada, a la que pusieron por nombre La Valeta. Superado el tiempo de las batallas, la paz de Malta hoy solo se ve perturbada por el desembarco de miles de invasores procedentes de los muchos cruceros que hacen escala en la isla en su periplo por un Mediterráneo que ya no es el mar convulso que fue en el siglo XVI.