Tras convertir en fenómeno sin precedentes su tributo a las viejas coplas, Miguel Poveda vuelve al flamenco más puro en su noveno disco. ArteSano se titula y lo presentará durante la primera parte del concierto que hoy, a las 22 horas, ofrecerá en el idílico marco del Festival Jardins de Cap Roig. Este catalán afincado en Sevilla recibió además, hace escasos días, una grata noticia en Levante....
Información publicada en la página 313 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 16 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
—Le han nombrado hijo adoptivo de La Unión (Murcia) y el próximo año el Festival de Las Minas estará dedicado a Miguel Poveda.
—Me lo anunciaron allí mismo y la verdad es que todavía estoy emocionado. Son ya 20 años los que se cumplirán de cuando llegué allí por primera vez y me dieron más premios de los que podía haber siquiera imaginado.
—¿Le cambió más la vida ese año o el éxito que en el 2009 le puso definitivamente en boca de todos?
—Mucho más en 1993, por supuesto. Entonces acababa de venir de la mili y llevaba poquísimo tiempo intentado abrirme camino cantando a nivel profesional.
—Entonces usted ya cantaba como los ángeles, pero apenas movía un dedo; hoy sin embargo, en escena, interpreta tanto con la voz como con cada gesto.
—Fue surgiendo muy poco a poco, de manera natural, por la inquietud de crecer día a día como artista, no solamente a la hora de cantar. A mí me gusta la interpretación, me fijo mucho en figuras que comunican y traspasan en todos los sentidos. La experiencia te ayuda a desinhibirte y te vas dando cuenta de que funciona más el hecho de ser tú mismo y no retraerte. A fin de cuentas, lo importante es llegar al corazón de la gente. Por otro lado, el hecho de haber rodado tanto un espectáculo de coplas te pide una postura mucho más de cantante e intérprete que cuando estás sentado en una silla, con los recursos en ese sentido mucho más limitados. Y las propias canciones en sí mismas también invitan a ello.
—Y si sorprendió al empezar a mover las manos, en los últimos meses incluso baila en algún tema.
-Bueno, lo de bailar es solo cuando de golpe me sale la poca vergüenza (risas). No lo puedo evitar, porque siempre me ha gustado el baile y soy un bailaor frustrado. Pero no sé bailar. Evidentemente, no es lo que mejor sé hacer.
—El pasado 10 de julio cantó en Madrid junto a Chavela Vargas, en la que sería su última actuación.
—Sí, en el patio de la Residencia de Estudiantes. Fue algo mágico que esa mujer con 93 años dijera: «quiero ir a Madrid a despedirme de mis amigos, porque yo ya me voy». Y que para esa despedida contara conmigo y con Martirio. Recitamos versos de Federico García Lorca y cantamos al final los tres juntos canciones como El último trago. Me hizo el regalo de mi vida. Todavía ni me lo creo.
—También en los últimos meses le hemos visto cantando como invitado en algún concierto de Isabel Pantoja ¿Habrá gira mano a mano?
—Hoy por hoy es imposible. Yo ahora estoy con la gira del nuevo disco y embarcarse en varios proyectos a la vez sería demasiado. Ahora lo importante es centrarme en cada uno de los conciertos y poner en ellos todas mis energías. Y el próximo año querría que fuera un poco mucho más tranquilo. Quiero dedicarlo sobre todo a descansar algo más y encarrilar ideas que tengo para un futuro. Llevo muchas temporadas sin parar, compaginando cosas, y tanto estrés arriba y abajo no es sano.
—Nunca mejor dicho, teniendo en cuenta que su nuevo disco se titula ArteSano. ¿Basará en él su concierto esta noche en festival de Cap Roig?
—Será un espectáculo muy especial, con dos partes diferenciadas, como solo hicimos en Jerez y en el Teatro Real de Madrid. La segunda dedicada a coplas y otras piezas, y la primera con el repertorio del disco ArteSano y todas la proyecciones y elementos escénicos que en el Palau de la Música fue imposible desplegar.
—Mientras grababa el disco más esperado de su carrera, vivió la enfermedad y fallecimiento de su padre.
—Trabajar ayuda a tomar una actitud de normalidad, aunque, claro, cuando llegas a casa siempre hay muchas cosas que te recuerdan. Además en esta profesión todo va ligado: una de mis motivaciones más fuertes ha sido siempre que mis padres estén orgullosos de mí, hacerles partícipes de mis logros. Supongo que como cualquiera, intento quedarme con los buenos recuerdos para que resulte menos doloroso.