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Ahora que Emili nos ha dejado, el mejor homenaje es hacerle vivir con la lectura de sus textos. Por eso he vuelto a tomar la novela que me lo descubrió -Retrat d'un assassí d'ocells- y releo la primera página. La prosa se despliega con un ritmo natural, vivo, de una familiaridad acogedora, y enseguida me siento en casa. «Soy un hijo de la Plana», dijo hace unos meses, cuando le nombraron doctor honoris causa por la Universitat de Vic. Yo también. Al cabo de unas frases llega una canción que de pequeños cantábamos en el recreo: «Morta, mà morta, truca a aquesta porta...!» Aunque mi recuerdo sea borroso, revivo con el estribillo esa atmósfera enrarecida, de secretos infantiles e inocencias a punto de ser perturbadas, que domina en sus novelas.
Información publicada en la página 71 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 20 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Mà morta, mà morta, obre aquesta porta...! Con qué fascinación me tragué cada página de esa novela. La leía con un frenesí nuevo, como quien desbroza un bosque espeso. Era su instinto fabulador, era su catalán de la Plana de Vic, de Roda de Ter. En las obras de Teixidor se escucha el timbre de una lengua forjada en la calle, en la plaza del mercado, entre payeses, con expresiones de una época que a algunos les parecerá lejana, pero que para los habitantes de Osona es perfectamente presente. Después leí Sic Transit Gloria Swanson, El llibre de les mosques, Pa negre… Con los años, el oficio y los éxitos, su mundo literario se volvió más complejo. Por eso hace falta leer su obra como un todo inseparable. Los personajes entran y salen, crean un paisaje humano que le permite dibujar el contraste entre una infancia feliz, idílica, y un presente de realidades más que turbadoras.
Nos habíamos visto varias veces, en Vic, en Manlleu, en Barcelona. Un día, con un grupo de sus lectores, tuve que describir su obra. Elegí un verso famoso: «Mezclando memoria y deseo». Emili sonrió en silencio, con discreción y ese gesto noble de un patricio romano. Se parecía a sus libros.