jackson Pollock (EEUU, 1912-1956) fue el primer pintor del expresionismo abstracto que sacó la tela del caballete y la extendió en el suelo para pintar. Y no solo eso, cogió el pincel y dejó que este goteara sobre el lienzo dando, así, un protagonismo destacado al azar en su pintura. De esa guisa, con la tela en posición horizontal y dando vueltas a su alrededor con el pincel en la mano, como si realizara una danza o una coreografía sobre el lienzo, lo retrató Hans Namuth para la revista Life, en 1950. Y de ahí salió el apodo que le dio el crítico de arte Harold Rosenberg: action painter (pintor de acción) modélico.
'Oxidation Painting', de Andy Warhol, obra creada a partir de la oxidación producida por la orina en la tela. JOAN CORTADELLAS
Detalle de 'Seis agujeros', de Saburo Murakami, uno de los miembros del grupo Gutai. JOAN CORTADELLAS
Rincón de la muestra con dos 'pollocks', a la derecha, y una obra de Shimamoto, a la izquierda. JOAN CORTADELLAS
Información publicada en la página 50 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 23 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Fue el disparo de salida para la pintura gestual y performativa, la antesala de los happenings y las performances, y la hoja de ruta para llegar a planteamientos mucho más conceptuales, como las prácticas de ejecución abierta. De todo ello habla ¡Explosión! El legado de Jackson Pollock, la muestra que, patrocinada por la Fundación BBVA, llena el espacio de la Fundació Miró, desde mañana y hasta el 24 de febrero con 68 obras de 35 creadores que cayeron bajo su influjo durante los 50, 60 y 70.
Joan Miró, el anfitrión de Pollock y sus seguidores, además de una de las fuentes de inspiración del expresionismo abstracto, afirmaba que la pintura estaba en decadencia desde la época de las cavernas. Algo que Rosa Maria Malet, la directora de la fundación, no interpreta como una «frustración» del genio catalán sino como su «necesidad de apartar la pintura de su concepto clásico y abrir nuevos caminos». Idea que encaja perfectamente con esta exposición y las mutaciones que de Jackson Pollock se derivaron.
El punto de partida del cambio de paradigma hay que buscarlo en las consecuencias de las atrocidades de la segunda guerra mundial, que llevaron a los artistas a mostrar su descontento y desacuerdo contra las convenciones tradicionales de la pintura, que tildaban de conservadora, agrediendo la tela. Lo hicieron Shozo Shimamoto y Niki de Saint Phalle, por citar dos ejemplos presentes en la exposición. El primero arrojaba botellas de pintura contra el lienzo, también llegó a disparar cañones; y la segunda tiroteaba bolsas de yeso rellenas de pintura que previamente había apoyado sobre las piezas.
EL PRIMER 'HAPPENING' / Las obras de Shimamoto y De Saint Phalle aparecen en la exposición después de los tres pollocks que la abren. No en vano el norteamericano «actuó de bisagra entre el final de una etapa y el principio de otra», a juicio de Magnus af Petersens, comisario de la muestra. Se trata de tres telas realizadas a partir de las coreografías que el pintor creaba girando alrededor del lienzo extendido en el suelo mientras escuchaba jazz. Algo que él relacionaba con las pinturas de arena de los indios americanos y que propició «el paso de la obra de arte como objeto a la obra de arte como forma de celebración», apunta Af Petersens. O lo que es lo mismo: tan importante como el resultado de la pintura pasó a ser el proceso creativo de esta.
Cuando el proceso creativo empezó a desarrollarse en público, llegaron las performances, las acciones y los happenings. Y cuando dicho proceso pasó por delante del resultado surgieron los planteamientos conceptuales. Entre los happenings de la época, la exposición reproduce el primero que se celebró, Patio, de Allan Kaprow. A su lado lucen las impresiones corporales, aquellas obras en las que no solo el movimiento del cuerpo está presente sino también su huella. Ya sea la impronta que dejaron los orines de Warhol y sus amigos de The Factory en una tela previamente preparada; la sangre con que Hermann Nitsch manchaba sus piezas rituales o los trazos dejados sobre los lienzos por las modelos desnudas que Yves Klein utilizaba como pinceles.
Las acciones del grupo japonés Gutai y el arte más conceptual cierran una muestra en la que el broche lo pone Lawrence Weiner y su Dos minutos de pintura de un bote de espray aerosol directamente sobre el suelo. Ejemplo de que el proceso de creación es ya tan importante que la obra, algo secundario, la puede realizar cualquiera con las instrucciones adecuadas.