«Una cosa es la industria de la música y otra, Elvis Presley». La frase es de Tom Hewlett, el empresario que manejó algunas giras del rey del rock. Y cuesta rebatirla. Hace 35 años que Elvis abandonó el planeta, pero sigue inspirando ingeniosas iniciativas para perpetuar su recuerdo. Atención a esta: mañana zarpa del puerto de Barcelona un crucero que hará escalas en Nápoles, Roma, Livorno, Niza y Marsella. Su principal atracción es el concierto del grupo que acompañó a Presley en la última década de su más que irrepetible carrera, la TCB Band.
Joe Esposito, Ron Tutt, Jerry Schilling y Norbert Putnam (arriba); James Burton, Dennis Jale y Glen D. Hardin. ELISENDA PONS
Información publicada en la página 58 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 22 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Hablamos de un buque con capacidad para 4.000 personas, con 20 restaurantes y 14 bares de copas. En uno de ellos actuarán los gregarios de Elvis: el guitarrista James Burton, el bajista Norbert Putnam, el batería Ronnie Tutt y el pianista Glen D. Hardin. Al micrófono estará Dennis Jale, el cantante austriaco que rearmó la banda para actuar por Europa. «Uno de los dueños del crucero es amigo mío. Un día lo invité a ver un concierto, le propuse hacer lo mismo en su barco y aceptó al instante», explica el bronceado vocalista.
«Pero Dennis no es un impersonator de Elvis. ¡Yo no toco con imitadores!», aclara el septuagenario James Burton. Desde que murió el Elvis original, ha recibido llamadas de decenas de clones, pero él prefirió tocar para Elvis Costello, Emmylou Harris y John Denver, entre otros. No hay que pincharle mucho para que rememore sus grabaciones con Elvis en Graceland. «No le gustaba hacer más de tres tomas de una canción. Si no salía a la tercera pasábamos a otra. En cambio, con Ricky Nelson grabé 87 tomas de Poor little fool. ¡Los dedos me caían a trozos!», exclama.
Una de las anécdotas favoritas de Burton es la de cuando Elvis aparecía en el estudio de grabación armado y decidido a disparar contra altavoces porque no sonaban bien. «Nosotros ya lo conocíamos, pero los ingenieros de sonido salieron asustados», ríe. Pero si algo dice haber aprendido Burton de los fans de Elvis es que da igual la historia que cuentes: «Ellos ya se la saben».
LA FAMILIA A BORDO / El crucero rockero no solo incluye los conciertos de la TCB Band. Los fans de Elvis también podrán pedirles autógrafos, compartir una cena con los músicos y asistir a una conferencia de otros personajes de su entorno como Linda Thompson (la mujer que sustituyó a Priscilla en el corazón de Elvis) y miembros de su equipo de seguridad como Sam Thompson, Joe Esposito y Jerry Schilling.
«Somos una gran familia», coinciden Esposito y Burton. Y el pariente que tienen en común es una eterna excusa para reunirse. No es la primera vez que participan en un crucero temático, pero Schilling intuye que este será más relajado que los que hacen en EEUU: «Allí es un intensivo de Elvis 24 horas al día, pero en este crucero europeo solo una cuarta parte del público es fan de Elvis».
El rock se ha ido transformando década tras década en producto de lujo. Y Elvis, pionero también en este proceso, no podía quedar al margen del boyante negocio de los cruceros con concierto nostálgico. El destino ha querido que aquella expresión que sirvió en su día para bautizar la TCB Band (Taking Care of Business; Haciéndose Cargo del Negocio) adquiera hoy un sentido aún más preciso.
Quien no disponga de entre 600 y 1.200 euros para reservar un camarote puede acercarse hoy (21.30 horas) a la sala Apolo. No habrá conferencia ni cena con la banda, pero sí un surtido de clásicos interpretados por el grupo que respaldó a Elvis en la recta final de su vida. Hora y media de rock'n'roll en tierra firme.
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