Entre los principales festivales de cine, Cannes es el que tiene más prestigio, Venecia el de más glamur, y Sundance presume de ser el más cool. ¿Y la Berlinale? Al carecer de una imagen de marca atractiva por sí sola, para seguir en la primera fila el certamen alemán necesita, ante todo, una buena selección de películas. Y esta noche da inicio a su 63ª edición con la producción francoespañola Les adieux à la reine, de Benoît Jacquot, y con el reto de sacudirse de encima las malas críticas recibidas en los últimos años a causa de un nivel artístico que, pese a contados momentos de gloria -el Oso de Oro obtenido en 2011 por el magistral drama iraní Nader y Simin, una separación-, en los últimos tiempos ha pecado sistemáticamente de mediocre.
Información publicada en la página 56 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 09 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La estrategia escogida este año por su director, Dieter Koslick, parece haber sido la amplificación. Por un lado, ha acentuado el tradicionalmente alto grado de conciencia política de la programación, y ha prestado aún más atención a las nuevas promesas del cine de autor. Por otro, ha logrado convertir la alfombra roja en el tipo de desfile de celebridades que en el certamen alemán no se veía en años.
'CELEBRITIES' / Desde hoy y durante los próximos diez días, por aquí pasarán, entre otros, Angelina Jolie, Robert Pattinson, Javier Bardem, Antonio Banderas, Diane Kruger, Uma Thurman, Michael Fassbender, Christian Bale y Meryl Streep, que recogerá un Oso de Oro honorífico. Es cierto que tanta presencia tiene trampa: no responde tanto al poder de convocatoria de la propia Berlinale como al hecho de que sus películas se estrenan dentro de poco en toda Europa, y promocionarlas en Berlín resulta cómodo. De hecho, casi ninguna de ellas está entre las 18 cintas a concurso.
Entre las películas que sí compiten por el favor del jurado que presidirá el cineasta británico Mike Leigh priman, decíamos, el contenido social y la denuncia política. Salvo contadas excepciones -como la película española Dictado, un cuento de hadas moderno, y muy oscuro, dirigido por Antonio Chavarrías--, la mayoría de candidatas al Oso de Oro observan los problemas que azotan nuestro mundo: Captive, de Brillante Mendoza, se acerca al terrorismo islamista; la cinta canadiense Rebelle, visualiza los horrores de una guerra civil africana; Just the wind, el húngaro Bence Fliegauf se inspira en una serie de asesinatos racistas cometidos en el 2008 y el 2009; y la francesa À moi seule e imagina el regreso a casa de una mujer tras ocho años de secuestro. Son solo unos ejemplos.
La gravedad temática se prolonga fuera de la competición. En su debut como directora, En la tierra de sangre y miel, Jolie echa la mirada atrás a la guerra de los Balcanes; Zhang Yimou recuerda la masacre de Nanking en Flores de la guerra; Tan fuerte tan cerca, protagonizada por Tom Hanks y Sandra Bullock, reflexiona sobre la tragedia del 11-S. Asimismo, la Berlinale presentará en secciones paralelas un puñado de documentales que testimonian la Primavera Árabe, y dos películas españolas que, cada una a su manera, ponen la mirada en el pueblo saharaui: Hijos de las nubes, la última colonia, documental político producido por Javier Bardem, y Wilaya, un drama humano dirigido por Pedro Pérez Rosado. En otras palabras, el clima que se vivirá en el interior de las salas promete ser tan severo como el frío insoportable que reina fuera de ellas.