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Desaparece un genio de la escena | entrevista PUBLICADA EN ABRIL DEL 2005

Galiardo: «Me lo he perdonado todo»

Sábado, 23 de junio del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto

Fue un hombre vital, incluso excesivo, pero también pasó sus atribulaciones. El 17 de abril de 2005, Galiardo desnudó su alma ante Carlos López en una entrevista que publicó El Cuaderno del Domingo. Estas fueron algunas de sus palabras.

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Información publicada en la página 60 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 23 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

-¿Es usted un hombre de suerte?

-Si la suerte es estar contento de haber aprovechado tu vida, soy un hombre de suerte. He aprovechado mi vida para rectificar comportamientos y aceptar mis limitaciones. Aceptarlas y usar el libre albedrío ha potenciado mi capacidad de ilusionarme y hoy tengo todavía muchas cosas que hacer: soy un actor promesa, un abuelo promesa, un padre promesa y un amigo promesa que cada día está más comprometido con la vida.

-Usted ha tenido que rendir cuenta de su vida para poder seguir viviendo. ¿Qué balance hace?

-Hombre, hay una etapa de mi vida muy errática, una etapa que he tenido que psicoanalizar, que he tenido que reconducir. Pero ya está superada. Creo que soy un hombre que se ha reencarnado varias veces, un hombre en continuo cambio, en un tránsito permanente en el deseo de averiguar cosas. Soy un ser limitado, pequeño, pero entusiasta.

-En el año 1972 bordeó el abismo.

--Antes tuve ya una primera depresión, en el año 1969, haciendo la película Fortunata y Jacinta con Emma Penella. Era un momento en el que yo estaba en lo más alto de la cinematografía del país. Y tuve un primer toque de atención. En la sociedad franquista, terrible, que alguien se volviera loco y lo dijera parecía a todas luces original. Aquello aumentó mi aureola y entré en un proceso de desgarro interior. A partir de entonces hago Marco Antonio y Cleopatra, una película con Sofía Loren, y Carlo Ponti me dice: 'Usted es un actor con un futuro estupendo'.

-Era el principio de su consagración internacional...

-Lo parecía. Decido irme tres meses a Inglaterra a estudiar inglés. Se prepara la aventura internacional del joven galán. Pero claro, yo no era un animal domesticado. Para entrar en Hollywood hay que ser políticamente correcto. Pero no sólo en lo político. Se puede ser de izquierdas, pero lo que no se puede ser es agresivo. Hay que ser un animal doméstico para sociedades domesticadas, y yo no lo era. El resultado fue que me bloqueé.

-¿Y que sacó de eso?

-Aquel bloqueo fue maravilloso porque allí empezó un peregrinaje nuevo. Aquel hombre que en los bares atraía las miradas de las mujeres recapacita, se dice a sí mismo: 'Lo único que soy es un tío que gusta a las mujeres y todavía estoy anclado en mi madre'. Buscaba en cada mujer los ojos de mi madre. Es un claro complejo edípico. En cuanto fui consciente, se acabó el problema.

-¿Qué es lo que más le ha costado perdonarse

-Yo me lo he perdonado todo. Pero lo que más me ha costado perdonarme son mis actos de violencia.

-Ha sido un galán dentro y fuera del escenario. ¿Ha cambiado su relación con las mujeres

-Muchísimo. Ya no tengo aquella necesidad imperiosa de seducir para elevar mi autoestima. Ha sido un cambio radical. La mujer es un ser humano que ya no necesito seducir, que no es mi madre. Son la madre de mis hijos, la gerente de la compañía, la recepcionista...

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