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EXPOSICIÓN 'línea y plano en el espacio'

La Fundación Godia exhibe las geometrías de Palazuelo

La sala recoge el salto del artista, en los 70, del dibujo a las tres dimensiones

NATÀLIA FARRÉ
BARCELONA

Miércoles, 10 de octubre del 2012

  • 'Sueño de vuelo' (1977), una de las esculturas aladas de la década de los 70.

  • Dos de los rincones de la exposición que la Fundación Godia dedica a la faceta escultórica de Pablo Palazuelo, ayer, durante la presentación.

  • 'Sueño de vuelo' (1977), una de las esculturas aladas de la década de los 70.

Estando de vacaciones en su finca de Galapagar (Madrid), durante el verano de 1954, Pablo Palazuelo modeló con barro su primera escultura, Ascendente, una pieza pretendidamente cubista. De vuelta a París se la mostró a su galerista, Maeght, quien desestimó la obra y convenció al pintor de que no dejara los pinceles por las tres dimensiones. Tuvieron que pasar 13 años para que Palazuelo (Madrid, 1915 - Galapagar, 2007) se atreviera de nuevo con la escultura. Fue en 1967 y bajo otros parámetros: el artista prescindió del barro y de la masa, y partió de sus dibujos geométricos para crear Primer brote. Ambas piezas abren Palazuelo. Línea y plano en el espacio, la exposición que, de la mano de Banca March, llenará las salas temporales de la Fundación Godia desde mañana y hasta el 6 de enero.

No se trata de una antológica, sino de una exposición temática, de tesis, que pretende explicar «de qué manera un pintor con fama, en la década de los 60, con más de 50 años y la carrera como pintor resuelta, se pone a hacer escultura», explica su comisario, Javier Maderuelo, quien atribuye el interés de Palazuelo por las tres dimensiones a la influencia de Eduardo Chillida. No en vano, ambos artistas fueron amigos y compañeros de residencia y piso en París, en los 50. Para Maderuelo, la abstracción geométrica de la pintura de Palazuelo fue fundamental para que Chillida abandonara los bustos y abrazara la abstracción, y el vasco despertó el gusanillo por la escultura en el madrileño. «Tuvieron claramente una influencia mutua», sentencia.

A su vuelta a la escultura, tras su fracasado debut en 1954, Palazuelo entró en las tres dimensiones desde el dibujo: «dotó de volumen y corporeidad a las líneas y planos que conforman sus cuadros», sostiene Maderuelo. ¿Cómo la hizo? Cogió el papel y lo plegó, así confirió tres dimensiones a la obra y le dio un punto donde sostenerse. Luego hizo lo mismo con chapas de hojalata y obtuvo maquetas, a partir de aquí llegó la escultura. «De la línea saltó al plano, del plano pasó al volumen, que no a la masa, y se convirtió en escultor», resume el comisario.

DEL ESTUDIO A LA MUESTRA / Y todo este proceso es lo que se pretende explicar la muestra a través de las 93 obras expuestas -46 dibujos, 26 maquetas y 21 esculturas- la mayoría provenientes de la Fundación Palazuelo, que gestiona el legado del artista. Algunas de las piezas, como parte de los dibujos y muchas de las maquetas, vienen directamente del estudio del creador y nunca antes se habían visto en público. De hecho, a algunas de ellas, se han tenido que limpiar a conciencia porque eran material de trabajo, no de exhibición, y su estado respondía a su estatus.

Hay esculturas de la primera época con referencias antropomórficas y con picos y cantos redondeados que acaban en las esculturas aladas de los 70, como Sueño de vuelo. Hay también piezas más geométricas realizadas a partir de los 80 que tienen una clara voluntad arquitectónica. Y hay obras de aluminio, acero y plomo, grandes, pequeñas y medianas.

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