Bastaron 12 minutos de puja en inglés y en chino para pulverizar todos los registros de las subasta de arte. Fue a principios de mayo en Sotheby's de Nueva York. El grito, una de las obras cumbres del expresionismo y seguramente el cuadro más reconocible por el vulgo con permiso de la Mona Lisa, se vendió por 120 millones de dólares o 91 millones de euros. Pero faltaba responder a una pregunta: quién lo había comprado. Las quinielas apuntaron a sospechosos habituales como los magnates rusos Leonard Blavatnik y Roman Abramovich, el confundador de Microsoft Paul Allen o la monarquía catarí. Se equivocaron.
Dos empleados de Sotheby's sostienen 'El grito', de Edvard Munch, el pasado mes de mayo en Nueva York. ARCHIVO / AFP
Información publicada en la página 64 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 13 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
El comprador se llama Leon Black, un financiero estadounidense y judío de 61 años, que pujó por la obra por teléfono, según desvelaba ayer el Wall Street Journal citando fuentes de su entorno. «Black pertenece a ese puñado de multimillonarios que han trasformado el mercado internacional del arte en los últimos años gastando generosamente», escribe el Journal. Pero no es un recién llegado. Mamó el arte en casa de su madre y su tía Grace Borgenitch Brandt, matriarca y tratante de varios artistas estadounidenses y, siendo todavía un adolescente, empezó a coleccionar bosquejos de Seurat, Van Gogh o Cézanne.
Su carrera en Wall Street le permitió jugar a lo grande en este mundo de precios prohibitivos. Tras forjarse en el difunto banco de inversión Drexel Burnham Lambert, fundó en 1990 la firma de inversiones Apollo Global Market, con la que se hizo multimillonario. Black es hoy miembro de los consejos de administración del Metropolitan y el MoMA neoyorquinos, y su colección privada está valorada en 615 millones de euros.
LOS TESOROS, EN CASA / A diferencia de Ronald Lauder, el heredero del gigante de los cosméticos Estee Lauder, con quien ha unido fuerzas en alguna ocasión para comprar arte, a Black le gusta guardar sus tesoros en casa, según las mismas fuentes. Y los tiene en abundancia. Desde dibujos de Van Gogh y Rafael, hasta acuarelas de Turner o cuadros cubistas de Picasso y montajes de Warhol.
El grito ocupará con toda seguridad un lugar especial en su pinacoteca particular. El noruego Edvard Munch pintó solo cuatro versiones de esa figura atormentada que, según los historiadores del arte, se tapa los oídos para apagar los gritos que salían del psiquiátrico noruego cercano al puente reflejado en la obra. Tres de ellas están en museos noruegos. El destino del cuarto es una incógnita. Black no ha confirmado que sea el propietario y nada se sabe de si pretende cederlo a algún museo.