Los protagonistas de La felicidad nunca viene sola pertenecen a mundos opuestos en todo: orígenes, edad, clase social, trabajo, situación sentimental... Sin embargo, y según el modelo canónico de la comedia romántica instaurada en el cine occidental, se encuentran, intiman, se enamoran, viven sus diferencias como pueden, se separan pero descubren que no pueden estar el uno sin el otro. Revelar el final del filme no desvelaría nada que cualquier espectador familiarizado con el género no pueda adivinar a los 10 o 15 minutos de metraje.
Información publicada en la página 326 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 03 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Los extremos se tocan, y eso es lo que les ocurre a los personajes interpretados por Sophie Marceau y Gad Elmaleh. El filme es tanto la crónica de sus amores como el retrato de cada uno de ellos. La mujer burguesa no puede romper con su acomodada vida y el hombre maduro con complejo de Peter Pan deja que su madre le lave aún la ropa sucia y le arregle el desordenado apartamento. Las situaciones van pasando, sin calar, mientras los actores intentan insuflar vida a sus estereotipados personajes. QUIM CASAS
James Huth