ÚLTIMA HORA La fotógrafa estadounidense Annie Leibovitz, premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades
Henri Cartier-Bresson inmortalizó sus piernas --largas, torneadas, prácticamente perfectas--, mientras ella leía tumbada en un sofá, en una conocida fotografía. Pero Martine Franck era mucho más que la última mujer que amó el genio de la fotografía. Al igual que su marido, era una maestra de la cámara, autora de numerosos libros de referencia y directora de la fundación que lleva el nombre de su compañero de profesión y de aventuras vitales. Este viernes ha fallecido a los 74 años tras una larga enfermedad.
Nacida en Amberes en 1938, su infancia transcurrió entre el Reino Unido y EEUU. Estudió Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid y después se trasladó a la École du Louvre en París. Comenzó su carrera como fotógrafa trabajando como ayudante de Eliot Elisofon y Gjon Mili en la revista 'Time Life'. Realizó su primer reportaje en China y Japón. Más tarde se dedicó a realizar retratos de escritores y artistas, incluyendo una notoria serie de mujeres para 'Vogue'.
Cofundadora de la agencia Viva en 1972, en 1980 comenzó a colaborar con la agencia Magnum. 1983 fue un año clave en su vida: no sólo terminó un proyecto para el Ministerio de Derechos de las Mujeres francés, también se convirtió en miembro de Magnum. Desde el 2004 estaba centrada en los proyectos de Georgia, la India y Japón de dicha agencia y, sobre todo, en la Fundación Henri Cartier-Bresson.
La seña de identidad de su trabajo siempre fue el blanco y negro. Franck realizaba sus fotografías en monocromo porque consideraba que "el color es una distracción para el fotógrafo". En su opinión, "el blanco y negro permite una mayor concentración en la composición".