«Gran parte de la historia del arte del siglo XX ha pasado en el triángulo que forman Ceret, Colliure y Cadaqués», afirma la historiadora Joséphine Matamoros. Al primero, Picasso lo convirtió en un foco de la vanguardia cubista a partir de 1911. En el segundo, años antes, en 1905, nació el fauvismo de la mano de Matisse. Y hablar de Cadaqués es hablar de Dalí. Así, no es de extrañar que, cada verano, en la zona puedan verse grandes exposiciones. Este año la oferta se centra en los dos vértices franceses del polígono. Es el caso de Survage, les Années Collioure: 1925-1932, hasta el 30 de septiembre, y de Antoni Tàpies. Imagen, cuerpo, pathos, hasta el 14 de octubre, en el Museo de Arte Moderno de Colliure y Ceret, respectivamente.
'La Pietà', realizada en 1932, es una de las piezas más tardías de Survage presentes en la exposición que Colliure dedica al pintor de origen ruso.
Información publicada en la página 52 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 09 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Las dos muestras son interesantes, pero mientras Tàpies, tras su muerte, se va apropiando de las paredes de muchos museos, Survage es difícil de ver. El pintor matérico tiene actualmente dos muestras en marcha: además de la de Ceret, hay una exposición de Tàpies en su fundación de Barcelona, y tres en preparación: en el Museu Nacional d'Art de Catalunya, el Guggenheim de Bilbao y el Reina Sofía de Madrid.
Por el contrario, Survage, les Années Collioure: 1925-1932 es la primera exposición celebrada sobre el pintor de origen ruso en los últimos 20 años. Y tiene cualidades de «première internacional», afirma Matamoros, que es su comisaria, además de la directora del museo de Colliure. ¿La razón? La muestra recoge 62 piezas, algunas inéditas, provenientes de colecciones públicas y privadas, realizadas por Survage durante los siete años que residió en Colliure.
No se sabe cómo llegó el pintor a la población de la costa francesa pero probablemente fue persiguiendo la estela de Matisse, el mismo autor que provocó que dejara Moscú para instalarse en París después de ver sus obras en la colección Shchukin. Lo que sí está claro es que Colliure fue clave en su trayectoria: ya que en su luz y en su paisaje, Survage encontró la salida al callejón que suponía haber vuelto al clasicismo -le retour à l'ordre de entre guerras- después de abrazar el cubismo.
De manera que la muestra empieza con tres lienzos de factura clásica -Les pêcheuses, Pêcheuse, y Porteuse, los tres de 1925- y acaba con Sur la plage (1930), un óleo donde todo se representa a partir de un solo trazo. «Un ejemplo de simplificación», afirma Matamoros. En medio queda espacio para mucho, no en vano «es un artista central que coge el hilo del fauvismo, el cubismo, el surrealismo y el constructivismo para hacer su propia escritura personal», concluye la comisaria.
PLACER Y SUFRIMIENTO / La muestra de Ceret dedicada a Tàpies también la abre una pieza clásica, un autorretrato de 1945, pero aquí la exposición no se centra en un periodo concreto del pintor sino que tiene aires de retrospectiva: se alarga hasta 2008. De este año es Cabeza roja, la pieza de un expresionismo exacerbado que cierra la exposición.
Y entre una y otra se despliegan 41 pinturas -la mayoría de la familia del artista- que «tienen el cuerpo, lugar por excelencia para el encuentro entre la materia y el espíritu, como hilo conductor», apunta Nathalie Gallissot, directora del museo. Piezas elaboradas con barniz, papel, alambre, ropa, incisiones, radiografías... que señalan la huella de un cuerpo que puede ser imagen de placer y de sufrimiento.
La muestra, prevista antes de la muerte de Tàpies, tiene su razón de ser en la relación que el pintor mantuvo siempre con la pinacoteca de Ceret, para la que, en 1992, realizó el díptico de cerámica que flanquea la entrada al centro.