Paradoja: en un momento en que el encarecimiento de la cultura está a la orden del día y se denuncia el aumento del IVA, etcétera, un concierto gratuito con Manic Street Preachers pincha y atrae a un par de millares de personas en un recinto de 18.000. Que el grupo galés hubiera actuado hace poco en Barcelona (2 de mayo, Razzmatazz) y que la lluvia castigara la zona, el pasado sábado, durante todo el día son factores a considerar por la organización del Día de San Miguel, que dos días antes, al tanto de la previsión meteorológica, cambió el espacio elegido inicialmente, la Anella Olímpica, por el Palau Sant Jordi.
Información publicada en la página 50 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 02 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Todo grupo que sale de Manchester debe de sentir el peso de la historia sobre sus hombros (Joy Division, The Smiths, The Stone Roses, Oasis...), pero, con sus dos discos, The Courteeners, que abrieron la noche, han construido un notable sonido pop moderno. Pese a que, en el Sant Jordi, miraron de reojo a un dance-rock heredero de Franz Ferdinand en You overdid it all, se contagiaron de Morrissey en Not nineteen forever y se acercaron al melodrama a lo Phil Spector en That kiss.
Presentaron canciones del tercer disco, que editarán en enero (Lose control, Welcome to the rave) y consumaron un pase expeditivo, con rasgos de emoción, aun sin marcar un perfil que pueda medirse con sus fuentes de inspiración.
HITOS DE LOS 90 / Si The Courteeners tocaron ante unos centenares de personas, con Manic Street Preachers el recinto tuvo un poco más de calor pese a la visión general de gradas vacías (¿no hubiera sido buena idea acotar el recinto con los telones disponibles para estos casos? ¿O pasar el concierto al Sant Jordi Club?).
Los galeses ofrecieron una réplica un poco reducida del show antológico de Razzmatazz (esta vez el presupuesto permitió teclista) y recordaron que hitos como Motorcycle emptiness, The everlasting o la majestuosa A design for life figuran en la gama alta del pop de los 90.
Y para rematar la sesión con la moral alta, The Zombie Kids con un set físico que fundió sin manías electrónica y trazos rockeros. Se hizo lo que se pudo.