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ENTREVISTA

Tony Leblanc, un tigre de 90 años

EL PERIÓDICO entrevistó al veterano actor madrileño el pasado mayo, durante el que sería su último aniversario

Sábado, 24 de noviembre del 2012 - 19:24h. Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
OLGA PEREDA

A Tony Leblanc -que a sus 90 años lleva más de 30 operaciones a sus espaldas- le han curado los médicos, pero la vida se la ha dado su mujer, Isabel Páez. Así lo dice una y otra vez el actor cada vez que un periodista le pone delante una grabadora. Piropear a su esposa es, de hecho, lo primero que hace cuando recibe la llamada de Cuaderno del Domingo. «Isabel es mi vida», afirma. «Llevamos 61 años casados. Algo así como un milagro hoy en día, ¿verdad?», sonríe. Después, comenta que su amada está pachucha. Tiene cáncer de médula. Pero le resta importancia. «Es un tipo de cáncer que ataca menos cuantos más años tienes. Y, aunque no los aparente en absoluto, Isabel tiene 80», explica con humor y dejando claro que su mujer es «una valiente».

Tony Leblanc, en una imagen de 1971.

Leblanc sopló 90 velas (dos velas, una con el 9 y otra, con el 0) el pasado lunes. Lo hizo sonriendo y posando junto a una tarta de nata. El resto de la semana estuvo ocupado: concedió una entrevista a una cadena de televisión donde dejó claro que fue él quien descubrió a Gila, acudió a una revisión médica y, sobre todo, durmió. Que nadie se atreva a llamar a casa del señor Leblanc -ubicada en Villaviciosa de Odón (a las afueras de Madrid) en una calle que lleva su nombre- a las diez de la mañana. Ni a las once. Ni a las doce.

Parto en Barcelona

A Leblanc es mejor llamarlo pasadas las dos de la tarde. Y es mejor hacerlo un día que no tenga la agenda apretada. La semana que viene, por ejemplo, apenas tiene huecos. «Voy a grabar una publicidad para una marca de televisiones. Están haciendo lo que nadie hace: televisión y ordenador al mismo tiempo», explica con ingenuidad. «Cuando me lo propusieron -añade- dije que no. Pero luego dije que sí».

Y, atención, que la publicidad no es lo único que le espera a corto plazo. También un libro de poesía (en 1987 publicó el poemario 'En la otra orilla de mi vida'), guiones y letras de canciones. Leblanc es «el perfecto ejemplo de artista completo», como afirma con orgullo su amigo Santiago Segura, que de la mano de 'Torrente' le devolvió vida cinematográfica tras 23 años fuera de los platós.

Feliz en Catalunya

Tras explicar a grandes rasgos su apretadísima agenda, Leblanc lanza un «¡hombre, Catalunya! yo he sido muy feliz en Barcelona» al saber que la periodista que le llama trabaja en EL PERIÓDICO. «Yo tengo ocho hijos. Siete nacieron en Madrid. Y una, la segunda, en Barcelona», explica con cierto orgullo. Y añade: «Estaba trabajando en una obra de teatro y le dije a mi mujer, que estaba embarazada, que cogiera un avión. Pobrecita, casi rompe aguas en pleno vuelo. Mi hija nació allí, en Barcelona, y la bautizamos en la Catedral. ¡Catalunya! Me quieren mucho allí».

Los nacimientos extraños (por llamarlos de alguna manera) son marca de la casa. Hace 90 años Tony Leblanc nació el salón de tapices de Goya del Museo del Prado. Su padre trabajaba allí de conserje y su madre, embarazada, solía ir paseando hasta la pinacoteca porque el médico le recomendó andar mucho. El 7 de mayo de 1922 rompió aguas allí mismo. Y a las cinco y media de la tarde nació Ignacio Fernández Sánchez Leblanc, que se autodefine como «madrileño pero no chuleta».

Cuando tuvo edad de ganarse la vida, Tony lo hizo siguiendo los pasos de su padre: ejerció de botones y ascensorista en el Museo del Prado, donde se ganaba un dinerillo extra («una peseta») limpiando las salas de Goya y Velázquez. Antes, cuando solo tenía siete años, se puso encima de las tablas para protagonizar la obra 'El contrabando'.

El tigre de Chamberí

Después aprendió a bailar claqué porque -reconoce sin tapujos- se prendó de una señorita que dominaba el baile tras haber recibido clases en Nueva York. A los 14 años le tocó el turno de vivir la «maldita y olvidable» guerra civil, de la que no habla mucho. Prefiere charlar (lo hace alocada y atropelladamente saltando de un tema a otro) de sus pasiones: y no solo de la que siente por la actuación sino por el boxeo, que empezó a practicar de forma aficionada. Leblanc terminó ganando campeonatos, recibiendo el apodo de 'El tigre de Chamberí' (título de una de sus películas más famosas) y, a la larga, siendo promotor organizando un campeonato europeo, con el que, por cierto, se arrunió. «Me quedé seco», reconoce sin complejos. Además del boxeo, los platós y los escenarios, otra de sus grandes pasiones es el fútbol, e incluso llegó a jugar en el Carabanchel, en Tercera División.

Pero donde Leblanc dio el callo hasta lo indecible fue en los platós y en los escenarios. En los años 50 y 60 se convirtió en el «número uno» (definición de Santiago Segura) de la mano de películas como 'Historias de la radio', 'Las chicas de la Cruz Roja', 'El día de los enamorados', 'Los tramposos'... Con épocas de más de tres películas por año, su currículo incluye más de 150 largometrajes. En 1975, después de 'Tres suecas para tres Rodríguez', decidió retirarse profesionalmente. «Estaba cansado», reconoce.

El accidente de tráfico

Sin embargo, lo que realmente le retiró fue el accidente de tráfico del que fue víctima en 1983 y en el que casi se queda paralítico. «Venía con mi mujer de Benidorm y un conductor borracho nos arrolló», admite tras llamar «criminal» a su casi verdugo. Los años siguientes (demasiados) fueron un calvario de hospitales, médicos y operaciones... Sobrevivió gracias al inmenso amor de su mujer, la persona que, según confiesa emocionado, le dio la vida. A los 15 años del accidente, en la casa de Leblanc (creyente, sin excesos) apareció un ángel de la guarda: un policía machista, homófobo y grasiento: Torrente.

En 1998, Santiago Segura y el productor Andrés Vicente Gómez se presentaron un día en casa de Leblanc y le pidieron que formase parte de la película. «No. Estoy impedido», se excusó sin levantarse de su silla de ruedas. Después, cuando se marcharon, Leblanc y su mujer leyeron el guion. Entonces, vieron que era el papel de un viejo en una silla de ruedas. El veterano artista llamó a Segura y le dijo que sí, que sí interpretaría el papel. Meses más tarde, recibió el Goya al mejor actor de reparto en mitad de una emocionante ceremonia en la que los académicos se levantaron para aplaudir al maestro. Al oír su nombre, Leblanc se llevó las manos a la cabeza y, cómo no, besó a su mujer.

Con ella sigue, día a día, luchando contra cosas malas, como el infarto que sufrió en el 2007. También con ella celebra cosas buenas, como homenajes, medallas de oro y entrevistas. Las guarda todas en un enorme baúl que abre de vez en cuando.

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