harry Connick Jr. se prodiga poco en directo, y menos aún en nuestro país, y sus visitas son tan espaciadas que cada vez que viene le vemos un poco cambiado, con perfiles retocados aun sin dejar de ser el crooner y pianista que en los 80 alimentó titulares audaces sobre «el nuevo Sinatra». Si en su debut en el Palau de la Música (1994) mostró una inesperada vocación funky y en su segunda visita (2007) se decantó por Nueva Orleans, el jueves en Peralada tuvimos a un Connick en pack tres en uno: crooner romántico informal, virtuoso del piano y entertainer con licencias humorísticas.
Información publicada en la página 323 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 11 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Lo de informal viene a que Connick apareció en escena con aspecto muy casual, camisa por fuera y pantalones de excursionista multibolsillo; poco que ver con la estampa de galán peliculero. La sofisticación la dejó para la música y para el teclado, área en la que exhibió refinadas prestaciones desde la primera pieza, Won't you come home, Bill Bailey?, composición con más de un siglo de vida, enraizada en el Dixieland, que interpretó precedida de una larga y malabarista introducción al piano.
Connick tiró luego de una secuencia de piezas amables con el estándar The way you look tonight, la beatleiana And I love her, y Smile, de Charles Chaplin. Arropándole, una consistente formación de nueve músicos, con vientos que reforzaron la vocación swing de un repertorio que avanzó cubriendo canciones como You don't know me, It had to be you y una conmovedora Come rain or come shine con Sinatra en el subconsciente.
El venerable old blue eyes fue evocado por un asistente de voz corpulenta que pidió Strangers in the night. Connick, que a esas alturas del recital ya nos había recordado, emocionado, que su padre «vivió en España escribiendo para un diario» y se había mostrado entusiasmado por nuestro sol, playas y comidas, bromeó con él pero se resistió a complacerle. «Te has equivocado de concierto, amigo. Esta canción está muy asociada a Sinatra. ¿Qué puedo hacer yo con ella?», replicó. Y añadió que el desaparecido crooner sigue siendo para él uno de sus favoritos junto a Nat King Cole y Sammy Davis Jr.
LICENCIAS LIGERAS / Connick bromeó con el marco del concierto («eso es un castillo, ¿no? En Estados Unidos no tenemos»), se pasó al órgano en Didn't he ramble y el concierto derivó hacia su fragmento más atolondrado cuando entró en acción el grácil Lucien Barbarin, trombonista y animador con aptitudes para coquetear con las damas de las primeras filas. Ambos establecieron un jocoso tándem sincronizando pasos de baile y movimientos de caderas en How come you do me, pieza en la que Connick adoptó un perfil de niño grande y solpló la trompeta con deleite.
Desvíos frívolos para una noche de verano cerrada con la fanfarria de Mardi Gras in New Orleans. Connick no se conforma con cantar y tocar bien: también quiere divertir.