El 19 de septiembre del 2010 murió el hombre que educó en el respeto a una generación, dignificó la canción aragonesa y mandó a paseo a un puñado de diputados desde el estrado del Congreso. El autor de este artículo, cantautor como él y amigo suyo, le recuerda aquí y en `Querido Labordeta¿ (Ediciones B).
Al presentar 'Pongamos que hablo de Joaquín', mi mirada personal sobre la vida y obra de Joaquín Sabina, me hice la pregunta que me hago siempre. Había dedicado tres años de trabajo a encauzar esa biografía. ¿Y ahora? Lo supe de inmediato: ahora toca Labordeta.
José Antonio Labordeta, en mayo del 2010, cuatro meses antes de fallecer. NURIA SOLER | CAMARA DIGITAL
Le había pedido a José Antonio que me escribiese una introducción para el libro de Sabina, y no le quise comentar que un día tendría que afrontar su propia biografía. En otro tono, y con otra fórmula, ya lo había hecho: con José Miguel Iranzo le propusimos grabar una película de una hora, donde el propio cantautor va desgranando los episodios más destacados de su vida ante la cámara. Labordeta se muestra brillante como siempre fue, tan habituado a los focos y las miradas. Se muestra ingenioso, divertido, ocurrente, pero también profundo y asolado por esa tristeza que de ninguna manera se podía quitar de encima. También ese día supe que tenía que escribir los momentos únicos que pasamos a lo largo de 40 años.
>>Lea la información completa del libro sobre José Antonio Labordeta en e-Periódico