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Información publicada en la página 53 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 23 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
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Loquillo se reencontró con Sabino Méndez, compositor de los clásicos de la era troglodita, en el disco en directo Hermanos de sangre (2006), pero quedaba pendiente un nuevo trabajo con material inédito. Esa obra es La nave de los locos, a la venta a partir de hoy; un disco en el que José María Sanz aborda un repertorio de Méndez 24 años después de su última cita, Morir en primavera. Ve la luz en vísperas de dos novedades editoriales: el libro de fotos Rock & roll star (Jordi García y Miguel Pérez) y la reedición de la novela El chico de la bomba.
-¿El Loquillo poético es un paréntesis, y el auténtico es el rockero?
-Pues aún no lo tengo claro. Depende de mi estado de ánimo. Después de los teatros, la bestia volvió a crujir y ya no podía esperar más: estos son tiempos de rock'n'roll. Es un disco barcelonés: Jaime Stinus vive aquí; Sabino (Méndez) es barcelonés, Manel Esclusa ha hecho las fotos...
-¿Qué ha sido lo más difícil a la hora de recomponer la relación con Sabino Méndez?
-Ha sido más fácil de lo que la gente puede pensar. Cuando actuó conmigo en Bilbao, en el 2005, ya llevábamos dos o tres años de relación. Tuvimos unos encuentros para llevar al cine su libro Corre, rocker, y acabamos comiendo una paella en Sitges con nuestros hijos jugando en la playa.
-En aquel libro usted no salía muy bien parado: le caricaturizaba.
-Está bien porque fomentó la leyenda. Algún día podremos hablar de si eso fue pactado (ríe). Nuestra reunión no sale de la nostalgia. Yo quería cantar esas canciones que él tenía ahí, y hacerle un homenaje como gran compositor de rock'n'roll. Era algo que los fans querían, y al público tienes que darle lo que quiere.
-¿Incluye canciones descartadas en la época de Trogloditas?
-Sí, varias. Como Luna sobre Montjuïc: la primera maqueta es de 1985.
-Podría haber entrado en La mafia del baile...
-Sí, pero entró Supersónica, y esta quedó fuera. Contento fue compuesta para Balmoral, y Planeta rock la grabó Sabino con Los Montaña. Pero sus composiciones son muy atemporales.
-¿Por qué no toca Sabino Méndez en el disco?
-Ya no tocaba en la última etapa de los Trogloditas. En Mis problemas con las mujeres dijo «que toque Ricard (Puigdomènech), que es mejor». Eso lo ha tenido siempre muy claro. Sabino se siente escritor; es su personaje. Ahora está escribiendo una novela, trabaja en la SGAE...
-Veamos: el año pasado hizo un disco con textos de Luis Alberto de Cuenca, que fue secretario de cultura con el PP, ahora graba otro con canciones de uno de los pioneros de Ciutadans...
-Es divertido, ¿no? Sí, soy especialista en meterme en líos. También soy el mismo que en 1993 hizo un vídeo sobre la tortura en España con Amnistía. Pero es como juzgar a Pla por su vinculación con el franquismo. El arte es el arte. ¿No vas a leer a Pablo Neruda porque era comunista?
-Se las ha arreglado para acabar en una casilla en la que solo está usted.
-Es posible. Ahora, con la derecha, la cultura es el último mono, pero yo no iré a una mani de protesta acompañado de tipos que han estado viviendo de las subvenciones. Estoy en contra del 21% del IVA, pero no me manifestaré delante del ministerio. Si hay que ocuparlo, me apunto, pero ir con pancartas... La derecha se toma a pecho intentar anular, y la izquierda quiere controlar.
-La ley Wert...
-... está hecha para fastidiar al clan de la ceja, pero nos han jodido a todos. Pero a mí no me sirve aquello de que si gana la izquierda te van a ayudar. Cuando trabajé en mis proyectos más difíciles, la Fundación Autor no quiso saber nada. Ahora que la radiofórmula ha caído y los ayuntamientos también, solo quedan los artistas. Y añadiré que el artista español que ponga una entrada más cara de 35 euros se está riendo de la gente. Pero todo el mundo debe presionar para que el IVA sea derogado.
-¿Cree que puede serlo?
-Sí hay cojones, sí. La movilización es necesaria. Es muy importante que Alejandro Sanz diga, como ha dicho, que el 21% es una marranada. Los mediáticos deben dar un paso.
-Vive entre Barcelona y San Sebastián, hace giras por toda España... ¿Cómo ve el debate soberanista?
-Las huidas hacia adelante no son buenas, porque al día siguiente seguiremos teniendo los mismos problemas. Esto le sirve a Mas para tapar sus vergüenzas tras cargarse la educación pública y la sanidad. El problema es el paro y el estado social. ¿Nos van a gobernar los amigos de Millet? Qué miedo, ¿no?
-Pero, ¿está a favor de que se realice una consulta?
-No estoy en contra de que la democracia se ejerza. Si se hace, votaré. Pero no puedo confiar en una clase política que en tres legislaturas ha dilapidado el capital de Catalunya. Y durante años aquí ha habido buenos y malos, ayudas a unos y no a otros, se ha apuntado contra gente como Sabino por ser de Ciutadans... Si hubiera un discurso integrador quizá mucha gente se lo pensaría.
-«El castellano es patrimonio de Catalunya como el catalán debería serlo de España», ha dicho Mas...
-¿Qué? (en este momento, a Loquillo se le cae el vaso de la mano y derrama un poco de whisky) ¿En serio? Me he puesto hasta nervioso (ríe)... ¡Pues ya era hora! Yo antes decía eso y me colgaban. A ver, la democracia es la democracia. ¿Una consulta? De acuerdo. Mientras sea legal. Pero, antes, limpiemos el patio de casa. Y escuchemos a todos.