Ante las narices del Generalísimo, y después de tener que saludarle brazo en alto, el Athletic de Bilbao les ganó, al Real Madrid y al dictador, la Copa de 1943. Gol de Zarra, en la prórroga. Una pequeña revancha en plena posguerra. Pero el escritor vasco Ramiro Pinilla (Bilbao, 1923) ha decidido reescribir una parte de la historia. En su nueva novela, Aquella edad inolvidable (Tusquets), que ayer presentó en la Catedral de San Mamés, en lugar de Zarra ha de jugar su imaginario suplente, el novato Souto Menaya. Marca, en una jugada dudosa, pero solo llega a catar la gloria: al cabo de dos meses una patada criminal le deja más cojo que Clemente. Convertido en un juguete roto, decidido a romper con su novia Irune (además de fútbol, hay romance de caserío), acaba ganándose cuatro perras ensobrando cromos. Hasta que el régimen (encarnado en el diario Marca) llama a su puerta. ¿Traicionará o no sus ideales?
Información publicada en la página 67 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 09 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Porque de ideales se trata, si hablamos del Athletic. «La fe en el Athletic es más o menos igual que tener fe en Dios. Pero las fes son peligrosas, pueden llevar a locuras, como la que está sucediendo con la final de Bucarest [hoy] o al fanatismo», explica Pinilla. Eso sí, lo hace con la insignia de oro del Athletic en la solapa de la chaqueta. Dedicando el libro a los futbolistas a los que adoró en su infancia y añorando al niño que descubre la catedral futbolística bilbaína de la mano del padre (esa edad inolvidable a la que se refiere el título de la novela).
Fútbol, religión... y nacionalismo. Pinilla retrata a unos directivos de un peneuvismo resistencial y beato. «El nacionalismo siempre ha mandado en el Athletic», cree. ¿Un nacionalismo deportivo más incluyente que el político? El autor de la trilogía Verdes valles, colinas rojas, que se define «no nacionalista, y tampoco antinacionalista», puntualiza: «Nos aceptan a todos. Pero no ha habido ocasión de ponerles a prueba. Yo mismo creo que se me acepta como novelista en Euskadi. Pero cuando llegó una acción crucial, me dieron la espalda. Ninguno de aquellos vecinos de Getxo que dicen que me quieren se acercó para decirme nada. Te aguantan, te consienten que vivas». Habla, claro, de la bomba que le obligó a cerrar su revista Galea.
LA «HEREJÍA» / A Pinilla le preocupaba que a la familia de Zarra le molestase la única «herejía» del libro, hurtarle el gol del 43. Ayer, en el estadio de San Mamés, Manu Lezama, hijo del portero en aquella final, le trajo la mar de contento un cuadernillo de fotos de ese día. Y la hija del delantero, Carmen Zarra, lo tranquilizó. Le pasó por el móvil a su madre, Carmentxu, que bendijo el libro. «Me he quitado un peso de encima», suspiró el novelista.
La otra preocupación de Pinilla es cómo se tomarán los de Marca que el diario sea el villano de la novela. En plena campaña para devaluar los triunfos vascos, el rotativo alimenta tercamente las sospechas de que ganaron con un gol ilegal y pretende sobornar al futbolista para que lo confiese. Vamos, que hay cosas que no cambian.
TRAICIONARSE A UNO MISMO / Y por cierto: el dilema de Souto, elegir entre la pobreza digna o poner la mano y tragar, ¿no tiene algún parecido con la elección que hizo el escritor de retirarse del mercado editorial durante dos décadas tras una humillante experiencia en el Premio Planeta de 1971? Se remueve incómodo. «Yo no puedo hablar de esto. Diga lo que le parezca. Pero no se olvide de que todos nos traicionamos a nosotros mismos, cada día». Es la pregunta del libro. ¿Lo hará Souto?