-Una compañía de Granada y un prestigioso director y dramaturgo argentino. ¿Cómo se encuentran?
Información publicada en la página 68 de la sección de Televisión y Radio de la edición impresa del día 11 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
-Contactaron conmigo hace unos tres años; no les conocía. Entraron en mi estudio con el casting cerrado para una obra, algo que me sorprendió y me dejé llevar por la intuición. Hicimos buenas migas, ensayamos en Buenos Aires y salió un proyecto que quedó muy bien, el de Los corderos. Y hablamos de hacer otro.
-Llamado Teatro para pájaros.
-Es un texto original en el que uso la escenografía de otros montajes, el de Tío Vania. Habla de unas parejas que esperan a un productor para poder montar una obra, un salvavidas para ellos. Es gente desesperada por sobrevivir, por conseguir algo de dinero y conservar la dignidad.
-No puede ser más actual.
-Totalmente. La escribí hace unos dos años cuando la crisis no era tan aguda. Está escrita en clave argentina Comparado con mi país aquí no han tocado fondo. Nosotros estamos en crisis permanente desde la época en que los militares tomaron el poder. Hemos llegado a tener tres presidentes en una sola semana.
-¿La obra es propia de su estilo con un espacio asfixiante? ¿A los actores españoles les cuesta más adaptarse a esa exigencia?
-Sí, pero todos los actores del mundo son parecidos. Al principio ninguno te entiende, ni los argentinos.
-¿En qué sentido no lo entienden?
-Hay que poner al actor en el abismo, pero no dejarlo caer. La recompensa será mayor cuanto más peligro haya. El artista tiene que estar siempre en crisis. Solo las grandes estrellas no quieren probar nada.
-¿Todas? ¿Alguna vez no se ha cumplido esa norma con usted?
-Sí, por ejemplo, con Héctor Alterio. Parece un adolescente cuando trabaja. Estar a su lado ha sido uno de los grandes placeres de mi carrera.
-Además del estreno de Teatro de pájaros, hoy se presenta en Madrid ¿Quién teme a Virginia Woolf?, con Carmen Machi en el papel que hizo Emma Vilarasau en el Romea.
-Sí, es una casualidad. Y ahora estoy en Madrid ensayando una tercera obra, Los hijos se han dormido, mi versión con actores españoles de La gaviota, de Chéjov. Se estrenará en octubre en el Matadero.
-¿Ha aprovechado para trabajar estos días con Carmen Machi?
-Sí, aunque ella es una máquina teatral. Tiene una organicidad especial. Ha sacado adelante en ocho o diez ensayos una obra muy difícil.