La radicalidad es el santo y seña de Samuel Beckett (Dublín, 1906-París, 1989), fácil de comprender cuando se le representa, condenadamente oscuro pero por eso mismo fascinante en su narrativa. A Beckett le importan las palabras, pero también es consciente de que con ellas es imposible interpretar un mundo confuso. Alguien así lo tiene todo menos una personalidad ligera y fácil. El mito es conocido: misógino, asocial, enigmático y profundamente triste, eso marcado por su larguirucha y distante apariencia --¿quizá porque era corto de vista?-- termina de conformar el retrato canónico del irlandés.
Portada de la biografía 'Samuel Beckett, el último modernista', de Anthony Cronin. EDITORIAL LA UÑA ROTA
Pero, dejando a un lado su altura física y su miopía, la realidad difiere un poco de la leyenda. 'Samuel Beckett, el último modernista' (Editorial La Uña Rota) es una de las grandes biografías del autor escrita por el también irlandés Anthony Cronin, y la primera del narrador y dramaturgo vertida al castellano. El libro tiene el aliciente de desmontar algunos tópicos sobre el autor.
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