Hoy es un día especial para Kiko Veneno. No solo presenta en Apolo (20.45 horas) la gira que conmemora el vigésimo aniversario de Échate un cantecito; también finaliza la grabación de su nuevo disco, realizado en Barcelona con Raúl Fernández Refree. Pero lo que más le anima a conversar no es su pasado o presente musical, sino titulares de prensa como ese que anuncia un pulso entre François Hollande y Angela Merkel. «Este hombre sabe lo que está haciendo. Es mucho más activo que el partido socialista español. ¡Y con diferencia! El PSOE es un partido de derecha ramplona y vulgar», dispara.
Información publicada en la página 44 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 20 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Recién desayunado, Kiko Veneno salta de un asunto a otro a tal velocidad que a veces hasta le cuesta recuperar el hilo inicial. Prefiere no tocar temas nacionalistas, así que se acomoda ante a la grabadora y propone hablar «solo de música y política».
-La reedición de Échate un cantecito incluye un diario de la grabación. ¿Siempre ha escrito diarios?
-No lo he hecho más que cuando he grabado discos. Pero es muy interesante, cuando te vas a dormir, repasar lo que has hecho durante el día: visualizar las alegrías, las decepciones... Era la primera vez que lo hacía y aparte de tener un documento que 20 años después ha sido valioso para la gente, también me fue útil a nivel personal. ¡Luego dormía muy bien!
-En ese diario relata sus paseos por el Museo Británico, donde se recreaba en la sección de la cultura asiria.
-¡Aquellos leones alados de cinco metros bañados en oro! ¡Esa es la primera cultura conocida con una escritura! ¡El códice de Hamurabi! Y ya sabe que el señor Bush, con su compinche Cheney y otros petroatracadores, bombardeó Irak y destruyó cantidad de excavaciones arqueológicas.
-Es muy poético el contraste entre su fascinación por esas muestras de una cultura milenaria y su necesidad de inmortalizar en aquella grabación londinense sus nuevas canciones.
-¡Dios me libre! Los leones asirios son un trabajo colectivo. Lo mío es una artesanía. Al lado de eso, mi disco no tiene ningún valor. Y los miles de años que han pasado desde entonces, tampoco. La desgracia de la humanidad es que nos creemos que somos algo. ¡Vamos a quitar esta montaña para hacer una autopista! ¡Somos unos desgraciados! ¡Ponen una bomba en el mar, cogen todos los peces, los trituran y hacen una pasta de cangrejo! ¡Esos hijos de puta tendrían que estar presos! ¡Eso es lo importante en la vida! ¡No mi disco!
-El discurso del artista tiende a ser: «yo os iluminaré con mi gran obra».
-Ese es el discurso de la gente novata. Todos hemos sido jóvenes e ignorantes, pero la vida, si quieres, te enseña. Ahora, si tienes mucho dinero solo te enseña a ser más hijo de puta todavía. ¡Esa es la verdad! ¿Quién aprende de la vida? Los que no tenemos. Los que tienen propiedades se dedican a utilizar el poder para conservarlas y aumentarlas. Limitan el conocimiento de la vida a lo que les interesa: reprimir aquí, cortar el rollo allí, engañar... A las demás personas, que, por cierto, votamos a esos individuos, lo que nos gusta es ir a tomar un café, reírnos, ver el fútbol...
-La última vez que le vi cantar fue en un concierto de la Fundación Robo, en apoyo a las movilizaciones del 28 de marzo. Sin embargo, no abundan los artistas comprometidos abiertamente con la presente lucha social.
-El sistema español se ha dedicado a perseguir la cultura durante 30 años. Empezó la Junta de Andalucía. ¿A quién adoraba? ¿A Camarón? ¡No! ¡A Rocío Jurado! Y siguió Aznar, cuando se presentaron los actores con el No a la guerra. La cultura se ha convertido en el principal enemigo. De los sectores reprimidos por la falsa democracia española, es el único con cierta capacidad de respuesta.
-Hay una línea de pensamiento casi opuesta a la que apunta: la de la Cultura de la Transición, que afirma que el estado ha protegido la cultura de forma falsamente paternalista hasta anestesiar su capacidad de crítica.
-Son momentos diferentes. En la transición sí hay un despertar cultural, pero llega la democracia y se defenestra a Adolfo Suárez, que, aunque me da vergüenza decirlo porque soy de izquierdas, ha sido el único político con talla de este país. Ni Felipe González supo mirar por encima de sus intereses. Y cuando se consolida el poder, un poder muy precario, una de las cosas que hace es comprar la cultura. Los Palacios (Sevilla) pagaba tres millones por Alaska y los Pegamoides. Yo me ofrecía por 150.000 pesetas y no me querían. Lo de Alaska también era culturalmente importante, pero así se crea una cultura de pan y circo para el pueblo con unos precios que no son de mercado y una red de clientelismo cultural. Y eso hace que haya muy poca cultura crítica. Porque la cultura, si no es crítica e independiente, no existe.
-El sector cultural se ha movilizado para defenderse de la subida del IVA, pero no hay un posicionamiento tan claro contra el resto de recortes.
-De momento se están produciendo respuestas sectoriales: los maestros se unen por un lado, los funcionarios se unen por el otro y el mundo de la cultura también está reaccionando. Menos, quizá, porque nosotros somos muy individualistas y además no estamos sindicados.
-Volviendo a Échate un cantecito, aquel título era una invitación a que la gente cante, no a que escuche.
-¡Claro! Yo ahí celebraba haber llegado a un punto de mi vida con el suficiente talento, tranquilidad y suerte para formar un equipo y decir a la gente: aquí lo importante es cantar. El arte es una necesidad vital que tenemos todos. Cuando cantas, te liberas. Mi título es humilde porque lo que yo intento decir con mi música es que todo el mundo puede cantar.
-Ese disco fue ampliamente aclamado en su día. ¿Hay algún disco del que quedase especialmente satisfecho, pero que lamente que no haya obtenido una mayor repercusión?
-Tengo tres discos redondos: Veneno, Échate un cantecito y Está muy bien eso del cariño. Dice la gente se les acerca. Y Punta Paloma es un disco de búsqueda sonora que no completé como quería.
-No es de esos artistas que relativiza el interés de su disco más popular y reivindica obras incomprendidas.
-No soy más listo que la gente. Cuando la gente aplaude, yo también aplaudo.