Tras el éxito en la sala Flyhard, su obra Litus, que también dirige, recala en el Espai Lliure hasta el 8 de octubre. Un grupo de treintañeros se enfrentan a la pérdida de un amigo.
Información publicada en la página 65 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 21 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
-¿Cómo surge Litus?
-De mi crisis de los 30 y de las ganas de trabajar con mis amigos. Jordi Casanovas me dejó su sala, ensayamos la primera parte del texto y luego fueron surgiendo las improvisaciones muy vivas de los actores y se fue creando en grupo. Estoy muy contenta de que haya llegado al Espai Lliure, una de mis salas favoritas. Me gustan la cercanía con el público y las historias muy pequeñas.
-¿Es una obra sobre la pérdida?
-Es más sobre la crisis generacional de los 30. Una generación en la que estamos perdidos. Habla de qué quiere decir crecer. A esta edad empiezan a pasarte cosas malas. La muerte de Litus es el primer golpe que recibe ese grupo de jóvenes.
-¿Por qué cree que los jóvenes de hoy se sienten perdidos?
-Antes todo estaba ya determinado: la vida era casarse y tener hijos. Ahora eso no basta y muchos que lo hacen se sienten frustrados. Aquello de la familia feliz ya no les llena, necesitan más cosas para ser felices. Antes no se comían tanto el tarro.
-¿Y qué se puede hacer?
-Este cambio generacional necesita nuevas normas para vivir, las de los padres no nos sirven y eso angustia. También sucede que somos muy Peter Pan. Recuerdo que cuando mi padre tenía 40 años y yo 15, vestía como un señor. Ahora no.
-Le gusta jugar con la intriga. ¿Es una de las claves de su éxito?
-Me gusta sorprender. El aburrimiento me da pánico. Es lo peor que puede suceder en el teatro. Me gusta que haya giros bestias, como en la vida. Todos somos impredecibles y tenemos muchas capas. En Litus el público está muy atento, ni tose, está enganchado a la historia.
-Una historia que habla de un suicidio pero desata las risas del público. ¿Era su intención?
-En realidad, es un drama. La gente se ríe los primeros 45 minutos y llora los últimos 20. Cuando empezamos a ensayar, vi que todos acababan llorando. Es porque se habla de la añoranza de cuando éramos pequeños, del primer amor, las borracheras... La infancia perdida. Cuando creces debes tomar decisiones y eso es una putada. Mis padres han sido funcionarios toda la vida, pero ahora nosotros no sé cómo viviremos. El país está muy mal.
-A usted no le va tan mal. Todo lo que escribe se estrena.
-Pero el teatro no te da para vivir. Es insultante lo que ganas. Yo tengo la suerte de ser guionista de la serie La Riera, es lo que me permite seguir tirando. Es un lujo. Ya veremos qué pasa si se acaba. Mis primeras obras me las produjeron. Ahora las escribo y luego a ver qué pasa. Me gustaría que Litus llegara a Madrid y mi obra Les nenes no haurien de jugar a futbol se ha estrenado en Croacia, Chipre y Grecia. Pero el teatro alternativo es una locura. Vamos hacia un modelo argentino de hacer las cosas gratis.
-Esta temporada en La Seca-Espai Brossa se estrenará en el género musical. ¿Un nuevo rumbo?
-Después de algo tan intenso como Litus me apetecía divertirme. Me gustan mucho los musicales, si tuviera que estrenar en la Sala Gran del TNC haría un macromusical. Este será un musical romántico: Les dones que agraden els homes.
-¿Qué mujeres les gustan?
-Digamos que las mujeres de carácter tienen más dificultades.
-¿Es su caso?
-Sí, bueno, la historia es como un Cyrano de Bergerac pero actual y con mujeres.