El Periódico

CRÓNICA DE ÓPERA

Un enorme 'Werther' con Piotr Beczala

El tenor polaco conquistó al Liceu con una intensa recreación del héroe romántico de Massenet y ofreció un bis de 'Pourquoi me reveiller?'

Anna Caterina Antonacci brilló en el rol de Charlotte enmarcada en un elegante montaje de Willy Decker

Un enorme 'Werther' con Piotr Beczala

ANTONI BOFILL

Piotr Beczala y Anna Caterina Antonacci, en un momento de 'Werther'.

Lunes, 16 de enero del 2017 - 16:18 CET

Emoción a raudales en el Liceu con el regreso, tras 25 años de ausencia, de 'Werther' y triunfo absoluto de Piotr Beczala encarnando al héroe de la hiperromántica ópera de Massenet basada en la célebre obra epistolar de Goethe. El tenor polaco deslumbró el domingo con una completa y extenuante actuación en la que exhibió la luminosidad de un timbre de exquisito fraseo, impactante emisión y una expresividad dramática de primera. Después de recibir incesantes bravos, tras interpretar la popular aria 'Pourquoi me reveiller?', al cantante no le quedó otra alternativa que repetirla, con el riesgo que ello supone, entre el delirio de la abarrotada sala.

"¡Eres el mejor del mundo!", gritó un entusiasta fan del artista. Beczala, aliviado por haber superado el peso del recuerdo de las inolvidables últimas interpretaciones del personaje a cargo del mítico Alfredo Kraus, se mostró todavía más seguro en la repetición de la arrebatadora pieza. Y es que su interpretación, manteniendo el tipo de principio a fin sin ceder ni un ápice de intensidad, es de las que quedarán en la memoria del Gran Teatre. El tenor demostró que sus cualidades encuentran en este repertorio el terreno abonado para lucir la belleza y homogeneidad de su instrumento vocal.

BUEN NIVEL DEL REPARTO

Pero si Beczala destapó el tarro de las esencias recreando al personaje 'alter ego' de Goethe, no fue menos notable el resultado del conjunto de esta producción marcada por una elegante, abstracta y minimalista puesta en escena de Willy Decker que potencia el trazo psicológico de los personajes y obliga a los intérpretes a un superior esfuerzo dramático. Anna Caterina Antonacci mostró su categoría dando vida a una Charlotte (el amor imposible de Werther) de excelente vis dramática y administrando bien una ajustada vocalidad, desplegada sin alardes pero con impecable estilo, como demostró en el monólogo de las cartas. Fue muy aplaudida, al igual que la emergente soprano Elena Sancho Pereg, que compuso una Sophie (la hermana pequeña y confidente de la protagonista) de altura.

Juan Martín Royo exhibió su excelente momento lidiando con el menos grato de los personajes (el atribulado Albert, ejemplar marido de Charlotte) y mostraron un buen nivel en sus apariciones Antoni Comas, Marc Canturri y Stefano Palatchi, así como los niños del Coro Amics de la Unió de Granollers. Alain Altinoglu, al frente de la formación de la casa, respondió musicalmente al reto de una partitura de tantas inflexiones y de extraordinaria belleza melódica, aunque debe ajustar los momentos de mayor volumen orquestal para ensamblar mejor con los cantantes.

MONTAJE SIMBOLISTA Y NÍTIDO

Capítulo aparte merece el trabajo de Decker. Los paisajes interiores del alma y las pulsiones del drama aparecen nítidos en su simbolista, geométrica y expresionista escenografía, dotada de una iluminación mágica y una sutil utilización de los colores (ocres en los momentos de explosión romántica o azules, en los más tenebrosos) a juego con un sugerente vestuario. Hay muchos detalles que ayudan a ilustrar los pasajes culminantes del drama. Las composiciones escénicas sitúan al espectador en una atmósfera entre realista y de cuento. El momento en el que Werther abandona la casa de su amada en medio de un banquete o el de Albert y Charlotte, sentados cada uno en su extremo de esa mesa para mostrar la distancia entre ellos, y la resolución del dramático último acto con el suicidio de Werther son ejemplos de una producción en la que todo funciona a las mil maravillas.

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