Antes de hacerse literalmente el haraquiri, el creador de Sandokán y el Corsario Negro, con cuyas exóticas aventuras nutrieron la imaginación de legiones de jóvenes, dejó varias y explícitas cartas de suicidio, una de ellas dirigida a sus editores: "A vosotros, que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semimiseria o aún peor, solo os pido que en compensación por las ganancias que os he proporcionado os ocupéis de los gastos de mi funeral. Me despido de vosotros rompiendo la pluma".
Portada del libro 'El último viaje del capitán Salgari' (Ático de los Libros), de Ernesto Ferrero, y retrato del Emilio Salgari. EL PERIÓDICO
El 21 de agosto, se cumplen 150 años del nacimiento de Emilio Salgari (Verona, 1862-Turín, 1911), que, como sus héroes de ficción, "era antiburgués, anticolonialista, antireligioso, políticamente incorrecto", estaba "turbado por sentimientos de venganza y de revancha y sentía la necesidad de luchar contra las injusticias, propias o ajenas, de las que se sentía víctima".
Él ayudó a "generaciones enteras de lectores a afrontar la relación entre arte y vida, entre máscara y rostro, entre lo que somos y lo que querríamos ser: siempre jóvenes, heroicos y enamorados", como sus legendarios piratas, opina el crítico y escritor Ernesto Ferrero (Turín, 1938), autor de la documentada novela biográfica 'El último viaje del capitán Salgari' (Ático de los libros), donde ahonda en la vida y personalidad del novelista.
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