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Josep Navarro Alemany (1893-1976) no figura en los libros de historia del documentalismo. Probablemente porque prefirió la aventura a la posteridad. La Barcelona de principios del siglo XX era la meca de la industria cinematográfica española, con tantas salas de proyección como Berlín, y él vio en la cámara el pasaporte a la primera línea de un mundo que cambiaba endemoniadamente.
Fascinado por el nuevo lenguaje, Navarro entró en 1913 en la productora Pathé Frères, ubicada en los bajos de la Casa Batlló, y trabajó para la madrileña Cantabria Cine, en la que tenía participación Jacinto Benavente. A manivela limpia, fue levantando acta notarial de la época. Un día, filmaba imágenes aéreas a bordo de un biplano pilotado por el infante Alfonso de Orléans ¿quizá el primer aeronauta español¿, y al otro, viajaba a Sevilla para documentar el avance de las obras de la Exposición Iberoamericana.
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