Uno de esas historietas de final de trayecto en autobús turístico explica que Dios les hizo a los polacos el favor de ponerlos entre Rusia y Alemania para que nunca se aburrieran. Con la historia moderna a mano, el chiste no deja de tener buena parte de razón, pero si nos olvidamos de guerras y dinastías y vamos a la literatura, y en concreto a la poesía contemporánea, el supuesto campo de batalla de los dos grandes imperios se nos convierte en una potencia imperial: porque Polonia es el país (o, mejor, la cultura) de Zbigniew Herbert (favorito de uno de los grandes poetas vivos: Seamus Heaney), de Czesław Miłosz, de Wisława Szymborska, de Adam Zagajewski. Y esto para evocar solo los nombres de los poetas polacos modernos más reconocidos, los que están traducidos a las principales lenguas cultas: pocas poesías hoy en el mundo (con todos los respetos por la anglo-irlandesa) pueden presentar una nómina como esta de figuras estelares de primera fila internacional.
Información publicada en la página 66 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 03 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
En la lista destacan, quizá por el obvio reconocimiento que el Premio Nobel de Literatura comporta, Miłosz, que obtuvo el galardón en 1980, y Wisława Szymborska, que lo recibió en el año 1996 y que acaba de morir en Cracovia. Aunque nació en 1923 en Prowent (hoy Kórnik), la antigua capital polaca junto al Vístula, Cracovia (a donde fue a vivir con su familia con ocho años) ha sido siempre su ciudad y allí ha vivido modesta y discretamente hasta su fin. Estudiante de literatura y sociología, Szymborska trabajó para diversas revistas literarias, hizo crítica, escribió versos y artículos (busquen Lecturas no obligatorias) y tradujo del francés. En 1952 publica por primera vez, pero el que ella considera su primer libro, Llamando al yeti, no llega hasta 1957. Desde entonces, una veintena de títulos y una lista significativa de galardones que se acelera durante los años noventa y engrosa sobre todo a partir de aquel día, a principios de octubre de 1996, en que en las redacciones de medio mundo los periodistas de guardia seguro que preguntaron al supuesto experto literario de turno: «¿Sabes cómo se escribe Szymborska?»
El libro siempre abierto
Admiradora de Joseph Brodsky (el que dijo que la estética es la madre de la ética), Wisława Szymborska pertenece al puñado de mujeres y hombres que en la larga guerra fría no renunciaron al lenguaje contaminado por el comunismo de Estado pero que, poco a poco, fueron regenerándolo haciendo equilibrios entre escepticismo y responsabilidad, entre cotidianeidad y utopía. En el caso de la autora polaca, con una poesía clara y vibrante cargada de conciencia pero también de humor («Después de cada guerra/ alguien tiene que limpiar...») que en catalán podemos leer en un solo volumen panorámico publicado por Columna en 1997 (Vista amb un gra de sorra) en traducción de Josep M. de Sagarra Àngel, mientras que en castellano se ha ido publicando regularmente por diversas editoriales (Hiperión, Lumen, Igitur, FCE) de la mano de traductores como Gerardo Beltrán y Abel Murcia.
Sin llegar a los programas especiales en las radios polacas de los que nos hablaba ayer en su blog de traducción Xavier Farré (xavierfarreabcd.blogspot.com/) desde Cracovia, podemos decir que en España no hay razón ni excusa para no dar a los versos de Wisława Szymborska la oportunidad de sorprendernos. Y les aseguro que lo conseguirán, porque pertenece a la rara estirpe de poetas que saben trenzar calidad y comunicabilidad, que buscan (y encuentran) la revelación en lo cotidiano con juegos y voces aparentemente simples pero difíciles de olvidar (escriban en Google cebula i vimeo y entenderán de qué les hablo).
Pero ahora pongan por favor todo esto que les he dicho entre unos prudentes paréntesis, porque tal como dijo ante el rey de Suecia aquella mujer de apellido difícil, sea lo que sea la inspiración (o la poesía), nace de un continuo No lo sé. Y esta sinceridad, esta fragilidad, esta relatividad es lo que la hace (a la poesía, a la inspiración, a la poeta) tan atractiva.
Ha muerto Wisława Szymborska (deletréenlo con calma: atención e intención nos vacunan contra la obviedad). La persona se ha ido, pero nos quedan, vivos y refulgentes, los versos: «Todo principio/ no es más que una continuación,/ y el libro de los acontecimientos/ se encuentra siempre abierto a la mitad».