"Seguiremos haciendo cine, aunque sea con dos piedras". La frase es de Enrique Urbizu ('No habrá paz para los malvados'). Sin embargo, el cineasta vasco no habla del futuro del cine. Las piedras ya son el presente. Al menos, lo son para toda una generación de directores para quienes el cine de guerrilla es el único posible. "Hago películas con dos piedras. Literalmente. No tengo ni claqueta", afirma David Marqués ('Desechos', comedia producida con por una cooperativa integrada por el equipo). Mientras, Alfonso Sánchez no utiliza piedras, pero sí un megáfono con el que se está recorriendo todos los pueblos de su tierra natal, Andalucía, para animar a la gente a que vaya a ver 'El mundo es nuestro'. Sus casos no son una excepción: Carlos Vermut realizó 'Diamond Flash' con 20.000 euros y Juan Cavestany tuvo un coste de producción "cero" para 'Dispongo de barcos'. "¿Cine de guerrilla? Mejor llámalo cine de indigente", sentencia Marqués. A falta de respaldo industrial, los directores solo encuentran salida a su creatividad en las películas 'low cost'.
Alfonso Sánchez, en una playa andaluzaa, anima a los bañistas a que vean su película, 'El mundo es nuestro'. EL PERIÓDICO
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