No es una exposición de fotografías, tampoco es una muestra de objetos coleccionables, sino que es ambas cosas a la vez, se trata de Souvenir. Martin Parr, fotografia i col·leccionisme, una exposición que reúne seis libros, 113 fotografías, 30 postales y 700 elementos varios, en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), hasta el 21 de octubre, y que tiene como nexo el turismo y la estética kitsch.
El fotógrafo Martin Parr, frente a algunas de sus fotografías expuestas en la muestra actual del CCCB. FERRAN NADEU
Información publicada en la página 64 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 30 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Las instantáneas que cubren las paredes del centro de la calle de Montalegre, sin marcos para «dar sensación de inmediatez», según su autor, llevan la firma de Martin Parr,
miembro destacado de la agencia Magnum, y, a su juicio, «ilustran las contradicciones del turismo». El fotógrafo explica cómo los turistas cuando piensan -o pensamos, porque para Parr todos somos turistas- en los sitios a visitar, los imaginan vacíos, aunque luego la realidad se empeñe en llevar la contraria, tanto que «ir al parque Güell puede convertirse en una pesadilla», afirma. Para quien dude, ahí queda la imagen del dragón que Gaudí puso en la entrada del recinto sepultado por un alud de hombres y mujeres que quieren inmortalizarse junto a él. «La gente se obsesiona tanto con hacerse la foto que a menudo olvida la experiencia que puede reportar la visita. Lo único que quiere es el suvenir», se lamenta Parr.
TAMBIÉN JUANJO FUENTES / Y los suvenirs, «la prueba fehaciente de la experiencia», como define a los objetos comprados durante los viajes el comisario de la muestra, Juan Pablo Wert, configuran la última parte de la exposición. Aquí se exhiben los elementos más kitsch que uno pueda imaginarse: tazas con la cara de Margaret Thatcher, relojes con la imagen de Sadam Hussein y ceniceros con la figura de Bin Laden. Son solo «la punta del iceberg» de los objetos que atesora Parr, que además de artista es coleccionista. Como lo es Juanjo Fuentes, quien ha prestado los muebles de su casa y las miniaturas, bibelots y obras de arte que amontona para poder reproducir fielmente, al final de la muestra, las estancias que los acogen. Todo, también muy kitsch.
Y es que «el turismo es kitsch y vivimos en un mundo kitsch», apunta Parr. Pero añade: «Aunque lo kitsch no es el único componente del turismo de masas». Quizá hay esperanza.