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CRÍTICA

El carnaval de la muerte

Manuel Vilas regresa con una sátira de la inmortalidad

Miércoles, 22 de febrero del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
DOMINGO RÓDENAS

Una alerta: Los inmortales es una novela fragmentaria de intención tan humorística como grave, lo primero por los métodos satírico-paródicos que utiliza y lo segundo por el tema de fondo que aborda: la muerte humana y el patético anhelo de vencerla. Pero los métodos de que se vale Manuel Vilas (Barbastro, Huesca 1952), disimulan la gravedad de su humorismo. Olvídese el lector de la trama, los personajes, el espacio-tiempo convencionales, aquí no hay nada de eso sino su reverso burlesco, su carnavalización, porque lo que se ofrece es una jocunda sátira menipea en torno a la inmortalidad. Por ella pululan conspicuos exponentes de la inmortalidad humana como SA (Saavedra, es decir Cervantes) Dan (Dante Alighieri), Elvis Presley, Vírgil (Virgilio), Mother T (la madre Teresa), Hitler y Stalin (pareja de deshecho), Nefta (Neruda), el último comunista, el alucinado Corman Martínez, al que Stalin encomienda una misión heroica (buscar en el metro de Londres y París algo mediante el amor y buscar la Virgen del Alimento Universal en todos los McDonalds de la Tierra) o Manuel Vilas.

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Información publicada en la página 62 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 22 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Como ocurría en la película homónima de Christopher Lambert y Sean Connery, los inmortales deben enfrentarse entre sí y, como en el Quijote, los personajes se agrupan por parejas en sus andanzas. Un referente pop y otro culto, pero convertidos ambos, como todo lo que cae en la órbita de la novela, en mero icono, etiqueta o marca vacíos (sean Joyce o Media Markt), susceptibles de ser rellenados a capricho.

TRITURACIÓN CULTURAL / Así, una foto del autor ilustra a un Felipe González nacido en 1965 u otra del editor Sergio Gaspar pone cara a un José María Aznar del año 59. Ya sabíamos que la relación entre signo y sentido era arbitraria, ahora sabemos que también es festiva.

No mencionaba antes el Quijote en vano. El ascendiente cervantino de Los inmortales radica no solo en el protagonismo de SA (su charla con Kafka es estupenda), sino en el juego del manuscrito hallado en el año 22.011 y difundido por Aristo Willas entre una élite de sabios -todos ya inmortales- antes de destruirlo. El pecado del texto es hacer befa de la inmortalidad en una época (hoy) en que, según los archivos, lo normal era la infelicidad causada por nuestra condición temporal. Quizá no sea esta una novela para todos los paladares, pero quienes entren en la lógica de su trituración cultural y su humor desopilante seguro que no se sienten defraudados.

3 LOS INMORTALES

Manuel Vilas

Alfaguara. 250 págs. 18,50 €

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