Vista ahora con perspectiva, la anterior película de David Cronenberg, Un método peligroso, parece un esbozo formal de lo que el director canadiense tenía en mente al abordar poco después la adaptación de la novela de Don DeLillo. Aquel filme sobre las relaciones entre Freud, Jung y Sabina Spielrein se construía a partir de la palabra, de las disquisiciones orales o vertidas en una correspondencia epistolar sobre la psiquiatría moderna. En resumidas cuentas, el cineasta del cuerpo y los virus, de los misterios del organismo, dejaba por primera vez que sus personajes hablaran mucho más de lo acostumbrado.
Información publicada en la página 54 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 11 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Lo mismo ocurre con Cosmopolis, cuya estructura parece la de un clásico del wéstern, La diligencia: se trata de un relato itinerante -aunque aquí todo ocurre en Nueva York a la búsqueda de una barbería para el protagonista--, en la que la acción transcurre en un reducido decorado en movimiento, una diligencia en la película de John Ford, una limusina blanca en la de David Cronenberg.
Allí dentro se producen diversos encuentros entre el tiburón de las finanzas que encarna Robert Pattinson y una serie de personajes que son de Don DeLillo, cierto, pero también muy de David Cronenberg. El director de Cromosoma 3 ha realizado una adaptación fiel, puntillosa en los diálogos, fiable en las situaciones. Ha respetado la palabra, esencial en el filme -otro tratado sobre cómo filmar la voz en el cine contemporáneo-, y ha organizado los cuerpos en el decorado en un ejercicio que revela a un nuevo y valiente David Cronenberg. Eso sí, ni mejor ni peor que el anterior. QUIM CASAS
David Cronenberg