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el primero de los conciertos de la gira de 'wrecking ball'

El 'Boss' inflama BCN

Springsteen hizo suyo el Estadi Olímpic con una celebración rockera que superó las tres horas

El músico alternó éxitos y guiños para fans con las canciones comprometidas de 'Wrecking ball'

Viernes, 18 de mayo del 2012 - 10:34h. Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
JORDI BIANCIOTTO / Barcelona

Bruce Springsteen, en un momento del concierto de la pasada noche. JORDI COTRINA

El mensaje de Bruce Springsteen es todoterreno y resiste los extremos: funciona cuando corren vientos de euforia y fluye la espuma de los días, y estremece y reconforta cuando hay signos de abatimiento. Como en esta Barcelona entre herida y perpleja con la que se ha encontrado esta noche pasada en el Estadi Olímpic. Una ciudad menos efervescente que la última vez, en el 2008, pero dispuesta a escuchar unas palabras que se han vuelto más airadas, o quizá es que ahora nos fijamos más en su fondo agrio. Esta noche han sonado sin signos de claudicación, plantando cara. Sí, estaremos tocados, pero saldremos adelante.

Para ello, tras hacer sonar Last dance, de Donna Summer, como música ambiental en homenaje a la disco-diva caída, Springsteen nos ha llevado primero hasta las malas tierras: Badlands, bautismo de la noche cargada de significado y de parábolas sobre la labranza y el esfuerzo; el afán de superación y la sombra de la codicia. Y un pinchazo en el corazón cuando le ha tocado el turno al solo de saxo y no hemos visto a Clarence Clemons en su rincón de siempre. Su sobrino, Jake Clemons, ha centrado miradas y aplausos. Luego, We take care of our own y Wrecking ball, material nuevo bañado en estrofas desengañadas.

CITA A LOS CAÍDOS

Tras un par de canciones más, No surrender y el himno marcial de raíz irlandesa Death to my hometown, Springsteen ha lanzado la primera parrafada al presentar My city in ruins, retocada por la sección de viento y mirando de reojo a People get ready, de Curtis Mayfield. Ha señalado, como es habitual, en catalán, que la canción "és una història sobre el que perdem i el que queda per sempre". La sombra de los caídos de la E Street Band, Clemons y el teclista Danny Federici, en el ambiente. Aunque el Boss le ha quitado hierro aludiendo a su esposa, Patti Scialfa, que no ha aparecido en este primer tramo de la gira europea. "On és? A casa, amb els nens!".

Tras el tono litúrgico de la canción, con aromas gospel, dos andanadas que han rebajado el dramatismo: Out in the street, rescate de The river, y una rareza, Talk to me; una pieza con aire al pop sesentero de Phil Spector que, en los 70, Springsteen entregó a su amigo Southside Johnny y que repescó en el reciente The promise.

SIMPATÍA 'INDIGNADA'

Con Jack of all trades, uno de los relatos sombríos de Wrecking ball, han llegado las palabras más comprometidas del Boss. Ha comenzado confensando que "a Amèrica hem tingut uns temps dolents, hem perdut les feines i les cases", y luego ha añadido: "Sé que a Catalunya ha estat encara pitjor. Dedico aquesta cançó als indignats del 15-M i als que lluiten a Catalunya".

Pero el concierto no se ha asentado en esos tonos reposados, y ha impactado con un tramo central de alta intensidad rockera con guiños a los eruditos. Primero, una dura adaptación Youngstown, original del disco acústico The ghost of Tom Joad, seguida de una musculosa Murder incorporated. La E Street Band, desplegando un sonido compacto, con los vientos a raya, inyectando fibras resistentes, y un crispado solo de Little Steven.

 Luego, la historia de Johnny 99, el desdichado presidiario de Nebraska, y las contorsiones de You can look (but you better not touch), otro picotazo a The river. De ahí, a She¿s the one, con su ritmo tribal a lo Bo Diddley, y otra sacudida con Shackled and drawn. En Waitin¿ on a sunny day, el Boss ha hecho cantar a una niña del público, y en The promised land ha vuelto a brillar el saxo de Jake Clemons.

LA RUTA DEL TRUENO

The river ha enfilado la tercera hora rumbo a Prove it all night, Hungry heart y un The rising enlazado con los aires texmex de We¿re alive. Sorpresa: Thunder road como clímax del bloque central, incorporada como en el Sant Jordi en el 2002.

 Los bises han empezado con Rocky ground, y luego sí que Springsteen se ha librado a los clásicos que el gran público esperaba: Born in the USA y, con las luces encendidas, viéndonos las caras, Born to run, Bobby Jean, Dancing in the dark y un Tenth avenue freeze out que ha servido de homenaje final a Clarence Clemons. "And the Big Man joined the band...", reza la letra. Y el Big Man ha vuelto a unirse a la banda. En espíritu y en materia, a través de una prolongada ovación a su imagen en pantalla. Emotividad final para una noche de fiesta y desafío.

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