El Periódico

Canessa: Solo ante situaciones extremas aprendemos a priorizar en la vida

EFE

Lunes, 27 de marzo del 2017 - 20:16 CEST

El cardiólogo y superviviente de la tragedia de los Andes Roberto Canessa tiene claro que solo ante situaciones cercanas a la muerte el ser humano "pone negro sobre blanco y aprende a priorizar en la vida", ha subrayado en una entrevista a Efe.

En su libro "Tenía que sobrevivir", Roberto Canessa habla de la condición humana "desde ángulos que no encontramos en la universidad porque para entenderlos tienes que haberte caído de un avión, haberte alimentado de los muertos y haber atravesado la cordillera de los Andes".

En 1972, el equipo de rugby de Canessa viajaba en un avión que sufrió un accidente aéreo en los Andes y quedaron aislados a 4.000 metros de altitud sin agua ni comida, por lo que se vieron obligados a comer carne humana para sobrevivir. Tras meses de espera, conscientes de que las tareas de rescate se habían anulado, atravesó la cordillera, junto a otro superviviente, y encontraron un arriero que les salvó.

Ahora, junto a su amigo y escritor Pablo Vierci, cuenta "lo intangible" que une una de las aventuras más "épicas y truculentas" de la humanidad con su posterior trayectoria profesional como reputado cardiólogo infantil.

Para Canessa, ambas aventuras "tienen en común la relación con la muerte y la lucha para prolongar la vida", algo que hace cuatro décadas hizo con las herramientas que le dio la montaña y ahora desarrolla con "el bisturí y la medicina".

Los autores, que esta tarde han impartido una charla en el CosmoCaixa de Barcelona gracias a la Obra Social "la Caixa", sostienen que, "cuando te caes de un avión o te dicen que tu hijo se debate entre la vida o la muerte, empiezas a ver la vida de forma diferente".

Sin embargo, los dos coinciden en que sería deseable que la gente no necesitase vivir una experiencia traumática para replantearse las prioridades y "darse cuenta de que tienen todo para ser felices y que, sin embargo, no paran de quejarse".

Canessa no duda ni un segundo cuando se le pregunta qué fue lo que le dio la fuerza para seguir luchando en los Andes: "Todo lo hice por mi madre. Yo sabía que si moría su vida no iba a ser nunca igual, y yo tenía tantas ganas de decirle, 'No llores más, aquí estoy de vuelta'".

Vierce cree que, de forma inconsciente, lo que busca Canessa con su trabajo como cardiólogo es decirles a las madres que sus hijos también están bien, al tiempo que reconoce que su amigo se siente mucho más cómodo en el papel de "rescatista" que en el de "sobreviviente".

El cardiólogo detalla en su libro que, con cuatro años, unos niños increparon a su hijo recordándole que su padre se había comido a sus propios amigos, a lo que su hijo contestó con sorna "que vaya novedad" y que, si querían, su padre podía "contarles los detalles".

Canessa recuerda cómo sus hijos fueron al colegio con los sobrinos de sus compañeros que no volvieron y cree que eso fue "muy sanador".

"Yo estaba viviendo lo que ellos no habían podido vivir. Cuando acababa el campeonato de rugby, venían las madres de los jugadores muertos y me daban un abrazo", rememora Canessa, que admite que no sintió presión por exprimir la segunda oportunidad que el destino le brindó y que ha vivido "de una forma natural, con éxitos y fracasos".

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