El Periódico

la escapada

Cadaqués, la larga (y discutida) sombra de Dalí

XAVIER MORET

Domingo, 14 de abril del 2013

En estos terrenos estaba antes el olivar del abuelo», cuenta Ubaldo Pell desde la terraza del Hotel Port Lligat, con un paisaje de ensueño enfrente y la casa de Dalí justo al lado. «Yo era un niño cuando el turismo lo cambió todo. Bueno, cambió sobre todo Cadaqués, porque Port Lligat se mantiene bastante como era».

Ubaldo tiene ahora 56 años, pero aún recuerda cuando de niño correteaba por la playa y se encontraba con Dalí. «A veces era simpático, pero a veces me decía: 'Fot el camp!'. Recuerdo que cuando se estropeaba el teléfono yo iba a llamar desde la casa de Dalí. El teléfono estaba en el vestíbulo y me impresionaba el oso disecado que había al lado».

Unas horas después, en la terraza del Boia, junto al mar tendido del atardecer de Cadaqués, Pere Vehí, el ilustrado propietario de este bar privilegiado, corrobora los recuerdos de Ubaldo. «Cuando éramos pequeños, los Dalí vivían parte del año en Cadaqués y cuando veíamos pasar su Cadillac, corríamos tras él gritando: '¡Ha llegado Dalí!, ¡Ha llegado Dalí!'. Era toda una atracción. Íbamos a verle y, en contra de lo que se dice, era muy accesible. Paquita, la cocinera, nos decía si podíamos pasar o no, y hasta nos daba caramelos. Dalí nos contó que el oso disecado que había en el recibidor lo había cazado en el molino de Port Lligat, cosa que nos admiraba... Tenía muchas anécdotas porque era todo un personaje».

Deidad turística

En aquellos años, Dalí se aprovechó de sus influencias para crear el Patronato de Port Lligat, lo que evitó que estropearan la bahía con construcciones, pero le valió el enfado de algunos vecinos. Y también se lo ganó, cuentan, en 1956, cuando una helada mató los olivos de Cadaqués. La gente del pueblo lo pasaba mal y estaba pendiente de una ayuda del Gobierno, pero Dalí apareció en una portada de Destino proclamando que los olivos rebrotaban y que lo peor ya había pasado. Y la ayuda se esfumó.

Rafa Martín, dueño del restaurante Can Rafa, conoció a Dalí en el restaurante de su madre, Casa Anita, donde el pintor iba a comer sardinas con champán. «Y todavía hoy algunos turistas se asombran: '¡¿De verdad conociste a Dalí?!' Y lo dicen incrédulos, como si hablaran de Jesucristo¿ De todos modos, hay que decir que, aunque era un personaje, mucha gente del pueblo no podía ni verlo. Y aún hoy, cuando oyen hablar de alguna exposición de Dalí, protestan: '¿Más Dalí todavía?'. Y lo de los olivos que rebrotaban en 1956 perjudicó a mucha gente que vivía en la miseria y esperaban la subvención".

El actual alcalde, Joan Figueras, tercia para opinar: «Sea como sea, hay que reconocer que Dalí hizo que Cadaqués fuera universal. Sin hacer nada, hoy gente de todo el mundo conoce nuestro pueblo, y esto ha beneficiado a los que se dedican el turismo».

Aquí todos se muestran de acuerdo, aunque la unidad se rompe al hablar de la estatua de Dalí que se levanta cerca del Boia. «El ninot, lo llaman en el pueblo, porque dicen que se parece más a Charlot que a Dalí», apunta alguien. Y añade que cuando descargaron la estatua, un viejo pescador de más de 90 años se puso a gritar: «¡Sinvergüenza!». De todos modos, el bastón que desaparecía cada dos por tres sigue todavía allí. «Lo soldamos bien soldado hace un par de años y aguanta», se felicita el alcalde. Aunque otro malicioso apunta: «Algún día los ladrones se llevarán la estatua para fundirla¿ y habrá gente del pueblo que lo celebrará».

La conversación sigue sin prisas en la terraza del Boia, junto a un mar de reflejos dorados que «parecen de un cuadro de Meifrén», apunta con acierto Pere Vehí. Como sigue también en el bar Melitón, el Marítim o el Casino. Es tiempo de primavera en Cadaqués, tiempo de calma y de conversaciones que se alargan.

Paisaje mineral

Al día siguiente, Pere Vehí Contos, propietario del Boia y nieto de un buceador griego que llegó a Cadaqués para coger coral, nos muestra en su preciosa casa, encarada al mar cerrado de Port Lligat y artísticamente camuflada en el paisaje mineral del Cap de Creus, su muy interesante archivo sobre Dalí y otros famosos veraneantes de Cadaqués.

«Es cierto que hay gente que le tenía manía a Dalí -acepta- pero también ayudaba al pueblo. Una anécdota: yo en el colegio no iba bien de Historia. Un día le pedí a Dalí que me dibujara una dedicatoria en un libro para mi profesora. Lo hizo y gracias a eso aprobé».

Pere Vehí se ríe al recordarlo, y apunta a continuación que tiene más de 2.000 libros de Dalí o sobre Dalí, además de cartas y esbozos del pintor. «El primer Dalí documentado en Cadaqués es su bisabuelo», afirma con seguridad de erudito. «Nació en Cadaqués en 1806. El padre fue notario y lo destinaron a Figueres. Después compró un olivar de Cadaqués que pertenecía a los Pitxot, de quien era amigo, y allí se hicieron una casa para el verano. El pintor iba allí hasta que se peleó con el padre y se fue con Gala a la casa de Port Lligat».

Y, volviendo al anecdotario de vecinos, recuerda Ubaldo Pell que en el hotel de Port Lligat tenían un trampolín de cemento de 10 metros y que le obligaban a derribarlo. «Recurrimos a Dalí -señala- y él hizo un dibujo mostrando como quedaría cubierto con cañizo. Le hicimos caso y el trampolín se salvó... Hasta que mi hermana decidió tirarlo hará unos 15 años».

Y mientras el sol de primavera ilumina el encanto de Port Lligat, Ubaldo lo relativiza todo con el siguiente comentario: «Por aquí han pasado Dalí, Duchamp y muchos famosos, pero en Cadaqués la gente no hace mucho caso a las celebridades. A veces pienso que si bajara Dios a Cadaqués y pidiera un café en un bar, se lo servirían sin sorprenderse con el tíquet al lado¿ Y hasta quizá le cobrarían más por ser un forastero».